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In memoriam

Gonzalo García Núñez

El significado de La Gran Transformación

Gonzalo García Núñez
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Gonzalo García fue, ante todo, una excelente persona y un querido amigo. Participamos juntos en varias actividades académicas, sociales, políticas y también familiares, desde hace más de treinta años. Él era parte de un grupo de amigos comunes con los que desayunábamos todos los sábados. Aún seguimos con esta rutina humana, ya sin él, pero siempre recordándolo.

Podría decir que nuestra amistad estuvo alimentada por la lectura común de nuestro país fragmentado, heterogéneo económica, social y políticamente. Pero también, por una relación interpersonal que se nutría con el afecto sincero y con el diálogo académico y político sin cortapisas ni condiciones.

Gonzalo dirigió la comisión del Plan de Gobierno 2006-2011, denominado La Gran Transformación, integrada por un extenso equipo de profesionales y de la que yo era parte responsable del capítulo económico. Años después me encargué de liderar la comisión del Plan de Gobierno 2011-2016, también denominado la La Gran Transformación, que actualizó y profundizó el contenido del plan anterior.

El significado de La Gran Transformación

El plan tenía el mismo título del libro de Karl Polanyi (1944), subtitulado Crítica del liberalismo económico, en el que se describe la profunda transformación de la sociedad, de sus instituciones y de la relación del hombre con la naturaleza, por la notable expansión de la economía de mercado autorregulado durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX. Allí, Polanyi señala: “Permitir que el mecanismo del mercado dirija por su propia cuenta y decida la suerte de los seres humanos y de su medio natural(…)conduce necesariamente a la destrucción de la sociedad”.

El plan parte justamente de la crítica al modelo neoliberal y a su ideología del mercado autorregulado y de reducción del Estado, que se impuso en nuestro país en los años noventa. Este modelo profundizó la especialización de la economía en la producción de materias primas y promovió una competencia internacional basada en la supresión de derechos sociales. Además, menoscabó la capacidad del Estado para proveer servicios sociales de calidad, así como la independencia de sus poderes.

La fractura no resuelta por el neoliberalismo

Para Gonzalo, la Gran Transformación que se proponía en el plan, significaba desarrollar un nuevo estilo de crecimiento, simultáneamente con la culminación de la construcción de la Nación. En las dos versiones del Plan, señalamos que “Los idearios y programas de los partidos ya no están a tono con las exigencias de cambio del modo de crecer y generar riqueza impuesto por el neoliberalismo en las últimas dos décadas. Hay una crisis de partidos y la naturaleza de sus mutaciones es aún impredecible; ocurrirán en medio o como parte de la gran transformación, es decir, de la construcción de una nación, de una comunidad política sin exclusiones, con justicia, libertad y democracia”.

El estilo de crecimiento primario exportador descuidó a la industria y la agricultura, y no creó empleos ni ingresos dignos, obviando el desarrollo de los mercados internos. La estructura productiva sin capacidad de creación de empleo al ritmo del crecimiento de la población laboral, reproducía la fractura entre el Perú Oficial y el Otro Perú, empobrecido y discriminado del que nos hablaba Matos Mar, aquel que migra a las principales ciudades costeñas para abatir su precariedad y pobreza. Así, la estructura productiva resultó dominada por el sector terciario (comercio y otros servicios), donde se concentra la población informal de bajos ingresos y de baja productividad. Nuestro país, siguiendo Rodrik,1 se desindustrializó prematuramente, al “convertirse en una economía de servicios sin haber pasado por una experiencia adecuada de industrialización”

La construcción de la Nación

Superar esta fractura era una de las principales preocupaciones de Gonzalo, quien en 1995 había publicado su libro La visión de los peruanos excluidos. La exclusión tenía su origen en dicha fractura y ésta solo podía superarse uniendo al Perú para iniciar La Gran Transformación.

La fractura y la exclusión eran la expresión del carácter inacabado de la Nación. La Nación no había terminado de construirse. La Nación, entendida como deseaba Basadre, comunidad de destino y comunidad política territorializada, pluralista, integradora y democrática, era una tarea pendiente. Ambas versiones del plan, como se sabe, fueron puestas a disposición del partido nacionalista. Gonzalo y todos los que integramos las comisiones de ambos planes de gobierno estábamos convencidos, siguiendo a Basadre, de que “el nacionalismo que, en otras partes no es necesario o, fatalmente, está superado, urge aquí. En otras partes el nacionalismo es algo destructor; aquí debe ser constructor. Constructor de conciencia y constructor de soluciones. En otras partes es ofensivo; aquí necesita ser defensivo. Defensivo contra el ausentismo y defensivo contra la presión extranjera, de absorción material y mental”.

¿Cómo resolver la exclusión social, económica y política? ¿Cómo construir esta comunidad de destino? Desde la mirada económica, esto era posible, y así se desarrolló en el plan, proponiendo la creación de mercados internos integrados, con un programa de inversiones en infraestructura sobre la base de macrorregiones transversales. Había que resolver, asimismo, las restricciones de financiamiento y de capital humano que enfrenta la inversión privada nacional.

Para culminar la construcción de la Nación, tenía que empezar a cambiarse el estilo de crecimiento primario exportador mediante el desarrollo de mercados internos y la construcción de una matriz energética nacional, para así impulsar un nuevo proceso de industrialización. Este cambio estructural de largo plazo, no podía hacerse sin conexión con el manejo del corto plazo, es decir, era imposible desvinculado de las políticas macroeconómicas. Hablar de ésto último tomaría más espacio del que se nos ha concedido. Solo hay que mencionar que Gonzalo participó, como director del Banco Central de Reserva, en la reforma de la institucionalidad de la política monetaria efectuada en los años 2001-2003

Su lucha contra la corrupción

Gonzalo tenía claro que se tenía que combatir con ideas, propuestas y acciones a la triada del neoliberalismo fujimorista criollo: Estado chico sin capacidad de influir en el desarrollo nacional; mercado autorregulado y corrupción como forma de gobierno. Lo hizo en la arena política, en la cátedra universitaria y como funcionario público. Su paso por el Consejo Nacional de la Magistratura —cuyo nombre cambió por el de Junta Nacional de Justicia—, es, sin duda, un ejemplo de probidad y excelencia en su desempeño como consejero y presidente de dicha institución. Gonzalo fue un profesional, un funcionario público y un político íntegro, coherente con los valores de la honestidad y la excelencia en el desempeño de sus actividades públicas y comprometido con un proyecto de vida, que no era otro que trabajar por un Perú más justo, social y económicamente.

Footnotes

  1. Rodrik, D. (2016). Premature deindustrialization. Journal Economic Growth, 21, 21-33