Ciudadanía en la ciudad popular

Cientos de miles de familias habitan en barrios que nacieron como barriadas hace ya un siglo. Hoy, muchos de los más precarios se concentran en Lima Sur, donde casi dos millones de personas viven en condiciones de alta vulnerabilidad, asentadas en los espacios residuales de una ciudad que concentra más de un tercio de la población del país. Pese a la adversidad del territorio y la desidia de las autoridades, estas familias —al igual que las de Lima Norte y Este— decidieron fundar su propia ciudad, desplegando las costumbres y tradiciones de sus lugares de origen.
En ese escenario, Desco Ciudadano trabaja de la mano con dirigentes, jóvenes y, actualmente, sobre todo con mujeres organizadas. Nuestra labor da continuidad al Programa Urbano de Desco, experiencia iniciada a fines de los años setenta, que buscaba construir alternativas de desarrollo en distritos como San Juan de Lurigancho, El Agustino y Villa El Salvador. Desde entonces, mantenemos la convicción de contribuir a mejorar las condiciones de vida de las mayorías a través de la participación.
Hemos impulsado el mejoramiento de viviendas y barrios, así como la densificación habitacional administrada por los propios vecinos, como mecanismo adecuado de crecimiento urbano. Trabajamos también por la seguridad y el cuidado ambiental, incorporando estrategias de mitigación de riesgos en zonas de alta vulnerabilidad. Esta labor se despliega en distritos como San Juan de Miraflores, Villa María del Triunfo, Lurín y, especialmente, en Villa El Salvador, donde contamos con un local abierto desde fines de los años noventa para la capacitación, la coordinación con liderazgos comunitarios y el trabajo barrial.
En la última década hemos puesto especial atención en los barrios periurbanos formados recientemente en Villa María del Triunfo y San Juan de Miraflores, territorios muchas veces olvidados por las autoridades locales y nacionales. Nuestra acción alcanza a más de 16 distritos de Lima Metropolitana, promoviendo la participación política de las organizaciones de mujeres a través de la Agenda Política de la Mujer. Con ello apuntamos a recuperar la acción de una sociedad civil organizada, hoy bastante debilitada. Al mismo tiempo, trabajamos con la comunidad educativa —docentes y estudiantes de secundaria— en proyectos que defienden los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, y que combaten las múltiples expresiones del machismo en nuestra cultura. Ofrecemos información y espacios de formación que fortalezcan el compromiso juvenil con la democracia en el país.
Nuestro equipo de técnicos y profesionales —arquitectos, geógrafos, comunicadores, ingenieros, sociólogos, administradores—, se renueva constantemente. El trabajo se realiza en un espacio de aprendizaje mutuo y multidisciplinario, lo que constituye un valor agregado en los procesos participativos que impulsamos. Actualmente contamos con el apoyo solidario de instituciones como Misereor, Cafod, Empact, Mugen y Fundación Adsis, cuya cooperación resulta clave para sostener nuestro compromiso.
En los últimos años, además, hemos sumado la producción de reportes urbano-ambientales, diagnósticos, buenas prácticas e informes de vigilancia. Promovemos la lucha contra la violencia de género, difundimos historias de vida de lideresas limeñas, impulsamos iniciativas comunicacionales como el podcast Las Villanas y los programas radiales Agenda Ciudadana y Guardianes de Lima Sur.
Mujeres y hombres de distintas edades y experiencias, dirigentes de sus barrios, nos enseñan día a día los caminos para enfrentar la exclusión y la pobreza extrema, y para avanzar hacia una sociedad más justa, equitativa y democrática. Nuestro trabajo se desarrolla en articulación con la comunidad, los municipios y otras instituciones públicas. Recordamos permanentemente a las autoridades elegidas por la ciudadanía que deben cumplir con políticas y procedimientos como el Presupuesto Participativo, los Planes de Desarrollo Concertados, las normas de igualdad de género y las disposiciones de protección ambiental. Cuando esto no ocurre, ejercemos nuestro deber de exigir, fiscalizar y vigilar, convencidos de que solo así se construyen ciudades más inclusivas y sostenibles.
Sabemos que las soluciones sostenibles no se imponen: se construyen con la experiencia compartida, el saber situado y la participación de quienes habitan y transforman día a día su territorio.
