Fragmentados
Ingobernabilidad, inestabilidad y polarización definen hoy a la sociedad peruana. La fragmentación política, social y económica del país tendrá su escenario principal en las elecciones generales de 2026.

Ilustrador: José Rojas
CONTENIDO
PRESENTACIÓN
Quien crea que las elecciones generales del próximo año resolverán la crisis del país y darán un nuevo empuje para que esta democracia fatigada mejore, comete un error. Todo indica que aquella tiende a expandirse como mancha de aceite. El descontento en lugar de disminuir, crece, como también la radicalidad de las demandas territoriales, sociales, políticas y económicas, ahora, como nunca antes, las vinculadas a la seguridad y la lucha contra la delincuencia organizada, tanto nacional como internacional. A ello se suma el masivo desprestigio de los políticos, congresistas, ministros e instituciones nacionales como la policía y las FFAA, que ha motivado constantes movilizaciones en las que jóvenes y transportistas han sido protagónicos y han contribuido a una nueva vacancia presidencial y a la designación del tercer presidente en el periodo 2021-2026.
En este marco es que se ha dado inicio al proceso electoral que concluirá el 28 de julio de 2026 con la asunción de un nuevo gobierno, que seguramente será tan inestable como el de este periodo presidencial.
Tres hechos políticos, vinculados al proceso electoral reflejan y son simultáneamente expresión de la crisis que vivimos. El primero es el elevado número de partidos legalmente inscritos, 43 según el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Esta cifra es la más alta desde el 2001 cuando Perú regresó a la democracia luego de la caída del dictador Alberto Fujimori.
El segundo es, en contraste, el bajo número de alianzas inscritas para las próximas elecciones. Ello pone en evidencia no sólo la creciente fragmentación de las representaciones políticas sino sobre todo la primacía de los intereses individuales, y a veces puramente crematísticos, de muchos de los candidatos a la presidencia. De las 43 organizaciones políticas apenas siete participan de las tres alianzas electorales inscritas en el JNE. Dicho en otras palabras, de 43 partidos inscritos 36 irán sin compañía a las elecciones.
El tercer aspecto que caracteriza esta crisis es que dos de los partidos más antiguos son los que tienen un mayor número de pre candidatos a la presidencia. El partido aprista, la organización política más antigua del Perú, aparentemente con una mayor disciplina interna y una fuerte cohesión ideológica, con dos gobiernos ganados democráticamente, es el partido con más pre candidatos, con 15 aspirantes a la presidencia. En Acción Popular, el segundo partido más antiguo y también con dos gobiernos en su haber, compiten internamente seis candidatos a la presidencia. Lo que queremos decir es que la fragmentación es el fenómeno que mejor expresa la crisis política y social del país.
Otro tema clave es que la crisis nacional se da en un contexto de crisis internacional que, a diferencia de las anteriores, ha puesto en cuestión la hegemonía de EEUU en el nuevo sistema surgido luego del fin del comunismo soviético, llevando a un primer plano la disputa entre China y EEUU por el liderazgo en un mundo globalizado. Por ello vemos como la violencia desplaza crecientemente a la diplomacia y al derecho internacional y pone en cuestión la democracia. Ello se expresa en el genocidio en Gaza, la guerra entre Rusia y Ucrania, el rearme europeo, así como en las amenazas de intervención militar de EEUU contra América Latina con el “argumento” de la “guerra” contra el narcotráfico, pero también y finalmente, con el surgimiento de regímenes autoritarios de una derecha ultraconservadora y con tintes fascistas, tanto en Europa como en América Latina.
En este contexto tan complejo como difícil DESCO cumple sesenta años de vida institucional, como una las organizaciones no gubernamentales de desarrollo más antiguas en el país y la región, que se ha caracterizado por combinar la investigación académica con la promoción para el desarrollo. Mantenerse sesenta años no ha sido fácil, no solo por los cambios en el mundo de la cooperación internacional sino especialmente por la hostilización de los sectores conservadores, acrecentada en estos últimos años y cuya máxima expresión son las normas aprobadas en los últimos meses que restringen la acción autónoma y crítica de las ONG, en particular las vinculadas a la defensa de los derechos humanos.
En este número de Quehacer publicamos varios artículos sobre Discursos y Prácticas del Desarrollo con motivo de los sesenta años de vida de DESCO. En la sección política, en distintos artículos discutimos, entre otros temas, el último año de Dina Boluarte, la ultraderecha en el país, lo que está detrás del conflicto minero, la comunicación política en el año electoral y el nuevo Papa. En la sección internacional publicamos textos sobre el genocidio en Gaza, la derrota de Europa, el perfil del presidente argentino Javier Milei y lo que está pasando en Bolivia y Brasil. En la sección cultural abordamos el peligroso tema de la derecha y la censura en el cine, los cien años de la Escena Contemporánea y la figura de Mariátegui, el encuentro de Aricó y Mariátegui y su importancia en el marxismo latinoamericano.
En la sección libros comentamos la última publicación de Abelardo Sánchez León sobre los poetas de la generación del 60, la poesía de Sarina Helfgot entre 1956 -1995 y los dos ensayos de Miguel Gutiérrez sobre Julio Ramón Ribeyro, entre otros.
Agradecemos como siempre a nuestros colaboradores y pedimos disculpas por el atraso involuntario en la salida de este número de Quehacer. Como decimos últimamente, preferimos salir tarde que no salir. Finalmente, gracias por su leal apoyo a todos nuestros lectores y lectoras.
Alberto Adrianzén M.
Director
Octubre 2025
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Después de Dina. ¿Más de lo mismo?
