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DESCO: 60 Aniversario

Cuatro décadas apostando por el desarrollo desde el sur

Cuatro décadas apostando por el desarrollo desde el sur

Hablar de descosur es hablar de una organización que aprendió a mirar el sur andino no como un territorio con carencias, sino como un espacio de posibilidades. El Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo del Sur- descosur, sostiene que el desarrollo no solo está en el crecimiento económico, sino en la capacidad de las personas para ser protagonistas de su propio desarrollo, ejercer sus derechos y abrir caminos de igualdad.

El discurso que la sustenta es claro: un desarrollo humano sostenible, capaz de enlazar el crecimiento económico con el bienestar social, la equidad de género, el respeto por la interculturalidad y la protección del medio ambiente. No se trata de objetivos aislados, sino de un tejido de acciones articuladas donde lo económico, lo social y lo ambiental caminan juntos. En esa visión, la institución hace suyos los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los lleva hacia la realidad de la Macro Región Sur del Perú, donde existen profundas brechas de desigualdad.

Su práctica se orienta a familias de comunidades campesinas, autoridades, organizaciones productivas, organizaciones de jóvenes, mujeres artesanas, emprendedores, asociaciones en ciudades intermedias, etc. A su lado, la organización reconoce que el desarrollo debe enfrentar inequidades múltiples: de género, culturales, sociales, económicas, de acceso a oportunidades y de ejercicio de derechos. Cada proyecto que ejecuta el Programa no es una respuesta aislada, sino la encarnación de un discurso que se rebela frente a la exclusión y apuesta por un futuro más justo. A diferencia de cualquier enfoque asistencialista, descosur entiende que los sectores populares no son receptores pasivos, sino protagonistas que deben apropiarse de sus procesos de cambio.

Cuando las ideas se hacen acción

Desde sus inicios, descosur supo que el verdadero desarrollo empieza en la acción compartida y en la capacidad de las comunidades de decidir por sí mismas. Hoy, sin embargo, los desafíos también pasan por la centralización del país. La II Encuesta Nacional de Percepción de Desigualdades – ENADES 2024, impulsada por Oxfam junto al Instituto de Estudios Peruanos, mostró que 59% de peruanos considera que las decisiones que afectan a todo el país se toman desde Lima, sin considerar las demandas y expectativas regionales. Esta percepción refuerza la necesidad de promover liderazgos sociales capaces de incidir en sus propios territorios.

En ese camino, la organización ha puesto énfasis en fortalecer el liderazgo de las mujeres, y se ha desarrollado Sinchi Warmi, un programa de liderazgo de mujeres rurales altoandinas que promueve su participación efectiva en el desarrollo de sus territorios, la gestión sostenible de los recursos naturales y la incidencia en espacios de gobernanza, mediante procesos formativos diferenciados según su nivel de organización y participación. Se trata de una práctica concreta de liderazgo y cambio social.

El fortalecimiento de liderazgos no solo abre camino a la participación social y política, también se expresa en la capacidad de las comunidades para cuidar y gestionar sus territorios. La defensa del agua, del suelo y de la biodiversidad ha sido siempre un campo donde el conocimiento local y la acción colectiva muestran su mayor fuerza.

Esa convicción no es nueva. Su experiencia en el Valle del Colca, Arequipa, en los años noventa, con el proyecto de rehabilitación de terrazas, es muestra de ello. Frente a la escasez de agua y el abandono de tierras, la institución apostó por la recuperación de saberes ancestrales en la construcción y rehabilitación de terrazas y andenes, revalorando no solo la producción agrícola sino también la memoria viva de las comunidades. Un trabajo que solo fue posible gracias al esfuerzo compartido con las familias dedicadas a la agricultura familiar del Valle del Colca.

Esa misma visión se refleja en la propuesta de siembra y cosecha de agua que se lleva adelante en las cabeceras de cuenca, en estrecha alianza con las organizaciones comunales y gobiernos locales. Allí, es la población organizada mediante comités de riego la que gestiona el recurso, enmarcando el aspecto técnico en un proceso comunitario de cuidado y defensa de un bien común indispensable, el agua.

En esa misma línea se ubica el Mecanismo de Retribución por Servicios Ecosistémicos Hídricos (MERESE Hídrico) en la Reserva Nacional de Salinas y Aguada Blanca. A través de este mecanismo, los aportes de la población de la ciudad de Arequipa se destinan a la conservación y restauración de las fuentes naturales de agua. La empresa prestadora de servicios de agua, Sedapar, canaliza esos recursos hacia proyectos implementados en los territorios altoandinos, donde las comunidades asumen un rol protagónico como guardianes de los ecosistemas. Desde 2022 y hasta 2026, descosur acompaña la implementación de estas acciones, fortaleciendo el vínculo entre ciudad y campo y recordando que cada gota de agua que llega a los hogares nace del compromiso colectivo por proteger los ecosistemas altoandinos.

Ese mismo compromiso con la sostenibilidad se proyecta hacia la dinamización económica. Desde los territorios, descosur impulsa innovaciones productivas con enfoque de género, adaptación al cambio climático y economía circular. Las familias y organizaciones locales se integran al sistema alimentario fortaleciendo cadenas productivas de camélidos, lácteos, granos andinos y frutales, apostando por la producción orgánica y abriendo camino al turismo rural comunitario. Cada iniciativa nace de los propios territorios, validada en los centros de innovación tecnológica, y busca no solo mejorar ingresos, sino también cuidar la tierra, el agua y la biodiversidad.

La crianza de alpacas y llamas, por ejemplo, combina prácticas ancestrales con tecnologías modernas: recuperación de pasturas, construcción de cobertizos, manejo genético y producción de fibra y carne con valor agregado. En este proceso, la estrategia para el mejoramiento genético ha experimentado cambios importantes hasta consolidarse en un modelo metodológico validado en el Centro de Desarrollo Alpaquero (CEDAT). Dicho modelo se aplicó en el marco del Programa de Mejoramiento Genético (PROMEGE), ejecutado en la provincia de Caylloma entre 1987 y 2007, que marcó un hito en la mejora de los rebaños de alpacas mediante estrategias de selección y empadre controlado.

A la par, otras cadenas productivas avanzan hacia la diversificación. La cadena láctea impulsa la elaboración de quesos, mantequillas, yogures y derivados que encuentran mercados regionales. La fruticultura se expande en los valles, con la producción de la palta y su comercialización internacional. Y el turismo rural comunitario emerge como un puente entre culturas, donde las familias muestran su trabajo, su historia y sus paisajes como parte de una experiencia compartida.

Descosur cumple así cuatro décadas en el sur, reafirmando su compromiso. Hoy, en un contexto de crisis climática y desigualdades persistentes, su apuesta sigue vigente: un desarrollo que no se mide únicamente en cifras, sino en la capacidad de hombres y mujeres para decidir su destino, cuidar su territorio y ejercer su ciudadanía. Un desarrollo que reconoce que es posible un país más justo, más humano y más sostenible.

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