Los poetas del 60, vistos por Balo Sánchez León

Luego de Torrentes en pugna. Mario Vargas Llosa y Miguel Gutiérrez (2023), Abelardo Sánchez León acaba de publicar Los poetas del 60. Sus libros / su época / sus vidas. Como el libro anterior, tampoco es un estudio académico, sino un ensayo de textura bastante personal. En esa medida, no busca una aproximación a todos los integrantes de la llamada “Generación del 60”, ni pretende un análisis sistemático, sobre la base de los mismos ejes y preguntas, acerca de cada uno de los poetas abordados. Tampoco propone un acercamiento ceñido a un marco teórico o metodológico a dicha promoción de escritores, que como sabemos, fue fundamental en la renovación y modernización de la poesía peruana en la segunda mitad del siglo XX, sobre la que Alberto Escobar, en su célebre Antología de la poesía peruana, Tomo II, de 1973, indicaba que en esos momentos se abría “un nuevo ciclo en la evolución de nuestra poesía y el país”, y cuya importancia sigue siendo gravitante, todavía, para comprender buena parte de la poesía que se escribe en la actualidad entre nosotros. Los poetas del 60 es, más bien, una extensa y muy sugerente aproximación que indaga en las características de esta poesía, sus protagonistas, las relaciones entre ellos y sus obras, los contextos en que se desenvolvieron, así como algunas constantes en la producción, incidencias temáticas, rasgos de lenguaje y caminos recorridos por este grupo de poetas.
El libro, organizado en cinco capítulos cuyos títulos evidencian, de algún modo, la particularidad de su acercamiento (“Poetas precoces”, “Poetas nuevos y antiguos”, “Ciertos poetas”, “Cinco libros singulares” y “Ciertos poemas”, más una “Despedida” que incluye un “Carpe diem”), parte, me parece, de cuatro líneas que, en paralelo, hacen posible el consistente resultado que podemos leer: un conocimiento y comprensión del contexto, no solo de los hechos, sino también de las temperaturas políticas y subjetivas de los diversos momentos que los involucran; el acercamiento y la lectura atenta y procesada a través de mucho tiempo, décadas, a la obra de los poetas que aborda en este libro y a la tradición poética peruana; el conocimiento de primera mano -o de segunda, en algunos casos- sobre muchas circunstancias de la vida y la producción de los protagonistas; finalmente, la revisión atenta y cuidadosa de la bibliografía académica, cronística y ensayística sobre esta promoción poética y sus integrantes.
Así, en tanto que ensayo y no estudio académico, Los poetas del 60. Sus libros / su época / sus vidas es una exploración en donde, además, se percibe y se agradece la mirada del autor que reconstruye el proceso y da cuenta de las obras: Abelardo Sánchez León, Balo, poeta, casi contemporáneo de los autores abordados, amigo y conocido de buena parte de ellos. Se trata, en esta perspectiva, de un texto que tiene también de crónica, de cuaderno de apuntes, de crítica afectiva y hasta, en alguna medida, de testimonio. Esto puede implicar algunos sesgos, priorizaciones o ausencias que, desde una perspectiva académica, podrían discutirse. Podría mencionarse, por ejemplo, la casi total ausencia de poetas mujeres en la revisión (Mercedes Ibáñez Rosazza aparece, pero sin mucho detenimiento; Carmen Luz Bejarano apenas es un nombre), o la atención privilegiada a los poetas más canónicos y emblemáticos de esta promoción (Cisneros, Hinostroza, Lauer, Hernández, Martos, Ortega), que se inscriben, en general, cerca de las posibilidades del conversacionalismo hegemónico que consagró a la promoción. Atención privilegiada, aunque no única, porque también están otros protagonistas indiscutibles del proceso: Heraud y Calvo, en primer lugar, y en menor medida Juan Ojeda, Arturo Corcuera y Guillermo Chirinos Cúneo. Una apuesta interesante, al respecto, es el lugar de Calvo entre los más atendidos en el ensayo, a pesar de que su poesía no parece concitar ya tanta atención, quizá por verse un poco al margen de la renovación de los lenguajes del 60. Sánchez León matiza este lugar común con agudeza, sobre todo a partir de Las tres mitades de Ino Moxo, novela posible, sin duda, de leerse en clave de obra poética.
Otros poetas se mencionan, pero menos, y varios de los incluidos en las antologías más abarcadoras no aparecen. Esto, desde la perspectiva de un extenso estudio titulado Los poetas del 60 podría representar un problema. Pero insisto en que estamos frente a un ensayo en el que la subjetividad y la cercanía (vital o poética) de la mirada del autor a sus “objetos de estudio” (sus afinidades electivas, podría decirse) es fundamental, con sus percepciones y preferencias, por lo que cualquier lector o lectora perspicaz reconocerá cuál es la propuesta de este libro, en la que radica buena parte de su riqueza y de sus estimulantes lecturas del proceso. Ese lugar de enunciación particular, que implica mucho de testimonio personal del amigo o del lector de la primera hora, es lo que hace posible que el libro permita, a la vez que una fundamental aproximación a la poesía de los 60 y a varios de sus protagonistas principales, una incursión en las coordenadas como lector y crítico de otro de los poetas fundamentales de la segunda mitad del siglo XX.
Desde estas características, el volumen ofrece una serie de ángulos, que un trabajo convencional, quizá, no llegaría a abordar. Me refiero no sólo a la información que, por su cercanía al proceso, puede ofrecer (algunos detalles biográficos o anécdotas sobre los poetas y sus vínculos mutuos que proceden de su condición de testigo, o la información sobre revistas y otras publicaciones no consultadas habitualmente o prácticamente inhallables, en las que aquellos jóvenes hicieron conocer sus textos iniciales), sino también a los paralelos, contrapuntos, riquísimos apuntes intertextuales e intratextuales, u otras observaciones sobre proximidades o contrastes que propone en su lectura. Pienso, por ejemplo, en la transversalidad de la figura de la casa, como paraíso perdido, refugio o deseo; en la preocupación por la lejanía o el tema del retorno; en la importancia de la clave familiar en esta producción: sobre todo los hijos como tema poético, o en las tensiones respecto de la condición cosmopolita o nacional de sus exploraciones poéticas. Pero también en la aguda aproximación a otros aspectos, éstos sí más abordados por la crítica, aunque de otros modos, como las representaciones de la revolución, la violencia, la guerra y el poder, tanto en relación con los años aurorales de las grandes utopías (o decepciones) post Revolución Cubana, cuanto sobre la guerra interna peruana de los 80 y 90 (e incluso las miradas sobre Auschwitz, Vietnam o la bomba sobre Hiroshima en algunos poemas). O, por supuesto, el sino trágico de la promoción a partir de figuras como las de Javier Heraud, Luis Hernández, Juan Ojeda, o Guillermo Chirinos Cúneo.
Son muy reveladores también los contrapuntos o las lecturas en paralelo: entre Antonio Cisneros e Rodolfo Hinostroza, entre Heraud y Calvo, Heraud y Hernández, Mirko Lauer e Hinostroza, Calvo y Cisneros, Calvo y Heraud, Hinostroza y Chirinos Cúneo, que, aunque en algunos casos han sido explorados por la crítica, alcanzan en la aproximación de Sánchez León otra densidad y consistencia, a la vez que se revisten de un preciso anecdotario. Y lo mismo podría decirse de algunos apuntes y preguntas sobre los vínculos entre estos poetas y poetas integrantes de promociones anteriores, como Martín Adán, Westphalen, Moro, Eielson, Rose, Belli o Pablo Guevara, sobre todo, o sobre las conexiones entre las búsquedas estéticas o estético-ideológicas de los poetas y las que algunos narradores, como Ribeyro, Vargas Llosa o Bryce, ensayaban contemporáneamente. Sánchez León también arriesga algunas muy inteligentes lecturas respecto de hallazgos de estos poetas en sus momentos iniciales que se fueron consolidando en el tiempo, o sobre la capacidad de la mirada anticipadora de la poesía respecto de algunos derroteros de la sociedad peruana.
Otro aspecto que destaca son las aproximaciones a los que Balo denomina “libros singulares”: Santa Rosita y el péndulo proliferante de Mirko Lauer -sobre el que muy poco se ha escrito-, Aprendizaje de la limpieza y Fata Morgana de Hinostroza, Las tres mitades de Ino Moxo de Calvo y Adiós, Ayacucho de Julio Ortega. Estos textos, que se colocan en los bordes de la poesía (o en algunos casos claramente más allá), y han recibido, en general, poca atención crítica, son objeto en el ensayo de Sánchez León de comentarios acuciosos y lecturas novedosas, que se enriquecen con el diálogo con otros textos. Es oportuno, al respecto, mencionar el caso de Adiós, Ayacucho de Ortega. Sobre este libro, claramente una novela y no un texto híbrido o de género impreciso, como varios de los anteriores, además de bastante atendida por la crítica, Sánchez León ofrece muy sugerentes lecturas en relación con el lugar de Julio Ortega en la promoción de los 60 y en contrapunto con el poema “Los huesos de mi padre” de Hinostroza.
Con todo lo señalado, que apenas son unos apuntes iniciales, queda claro que Los poetas del 60. Sus libros / su época / sus vidas, de Balo Sánchez León, nos ofrece no sólo una lectura rigurosa e informada, sino también lúcida, apasionada y entrañable. Se erige así, a la vez que como un libro fundamental para la aproximación al proceso de esta promoción poética (tan entrelazada con aquella a la que él mismo pertenece), como un ejemplo de crítica ensayística que, afortunadamente, se resiste a abandonar su carácter de escritura.
