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Sobre la poesía reunida de Sarina Helfgott

Sobre la poesía reunida de Sarina Helfgott
@libreria_de_lima

La reciente publicación de la poesía reunida de Sarina Helfgott (Chiclayo, 1928-Lima, 2020) se suma a los esfuerzos de revaloración de poetas mujeres de la generación del 50. Por ejemplo, tenemos el caso de la poesía reunida de Raquel Jodorowsky (Una diosa desterrada del cosmos. Santiago de Chile: La Esporádica, 2025) o el de la antología de Elvira Ordóñez (Estremecido verbo. Lima: PEISA, 2023). Este esfuerzo es indispensable para cambiar la concepción canónica sobre la generación del 50, entendida como apenas un conjunto de valiosos escritores vecinos del barrio de Santa Beatriz. Esta idea, aunque resulte risible, ha sido perpetuada por la crítica académica. Para contradecir tal visión, habría que reconocer otras tendencias y citar a exponentes de la lírica de ese periodo, como Julia Ferrer, Lola Thorne, Edgar Guzmán o Efraín Miranda. Asimismo, conviene llamar la atención sobre el grupo surrealista de los años 50, conformado por Rodolfo Milla, Fernando Quízpez Asín (sobrino de César Moro), Augusto Lunel, Luciano Herrera, entre otros.

Hace poco me preguntaba por qué Sarina Helfgott no prosiguió publicando poesía y, al parecer, tampoco escribiéndola. La respuesta es que se dedicó más al teatro y al periodismo: “A su faceta como autora habría que sumar su trabajo en la dirección de la revista cultural Tiempo y el taller de arte Sahmar, así como en la edición de dos antologías pioneras de literatura escrita por mujeres” (p. 7).1 Corresponde, entonces, dar cuenta de esta bella edición de sus poesías completas, compuesta por tres libros y un conjunto de poemas publicados en revistas e inéditos. En primer lugar, es necesario reconocer la labor de las editoras Elizabeth Lino Cornejo y Luz Vargas de la Vega, quienes nos entregan dos bien documentados textos acerca de la vida y obra de Helfgott (Lino Cornejo se centra en el teatro y Vargas de la Vega en la faceta de editora). En segundo término, debe subrayarse que la puesta en circulación de estos poemas constituye un valioso aporte para revisitar esta obra. Finalmente, esta empresa nos permite leer con otros ojos dicha producción y evaluarla a la luz de estos años. En suma, Mi nombre no es una casualidad nos permite sopesar con justa valía los aportes de Helfgott en el concierto de voces del siglo XX en el Perú.

Esta reunión poética se inicia con La luz pródiga (1956), que puede leerse como un solo poema en diez estancias. En ellos se percibe un diálogo con la naturaleza. Los primeros versos del Canto I son iluminadores en ese sentido: la poeta nace en el río, donde se siente hermana con los árboles. Esto configura un tipo particular de cuerpo que podría conceptuarse como un cuerpo-naturaleza, aunque matizado por la presencia del amado: “Es por eso que recorres mi pulpa con tus ritos” (p. 22). Este verso nos remite a una experiencia pasional y carnal. Asimismo, aparece la muerte, que, pese a ser signada como negativa, pervive dentro de la naturaleza: “seguiré cantando hasta que el musgo/ se detenga en mi sangre/ y todavía” (p. 22).

El segundo poemario es Libro de los muertos (1962), centrado en la experiencia del holocausto judío. Como sabemos, la familia de Sarina Helfgott era de origen judío-ruso y se exilió en el Perú a raíz del impacto de la Primera Guerra Mundial. En el prólogo del libro, el también poeta y dramaturgo Juan Ríos, sostiene que nuestra autora “no ha conocido personalmente las capitales del universal remordimiento. Pero su transido canto supera el tiempo y la distancia” (p. 35). En el Libro de los muertos, la muerte transita todos los poros del poema, por donde desfilan las desesperanzas, los ghettos, los trenes y las cámaras de gas. El famoso apotegma de Theodor Adorno, “Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”, aquí podría matizarse como un acto de memoria y resistencia.

Este libro muestra varios espejeos con la poesía de César Vallejo; incluso el último poema del conjunto cita un verso del vate de Santiago de Chuco. Es notorio, entonces, cómo Helfgott dialoga con la poesía humanista y existencial de Vallejo, pero también se inscribe en la tradición de la Shoá junto a autores como Paul Celan o Nelly Sachs. Lo distintivo en Helfgott es la manera en que presenta a los verdugos. Hace eco del concepto de banalidad del mal de Hannah Arendt. En el poema titulado “Hans”, nos presenta a un ser con pasiones y sueños, sentimental, con novia y familia, y no como un animal demoníaco ávido de sangre. Hans es un soldado que recibe órdenes y que: “¡[…] mata y mata y mata!” (p. 56).

El tercer libro de Helfgott es Ese vasto resplandor (1973). En este conjunto se incluyen varias series de textos: Poemas, 1971; Walt Whitman, 1966; Actus Tragicus, 1963; 3 nocturnos, 1962; Del ausente, 1962; Poemas, 1958; Del pastor a su amada, 1957; y Del hermano, 1957. En suma, es el poemario más disímil y extenso de su producción. Allí se produce un cruce entre la poesía política de Vallejo y las imágenes surrealistas, lo que genera una política del estar en un mundo alucinado.

En ese sentido, la poeta asume una voz animal, pues afirma que tiene “vestiduras de escamas” (p. 72). Más adelante, surge una voz que habita en el caos de las oficinas y en la desesperanza, bohemia y sexualidad de la urbe, expresada con una dicción coloquial tenue. O, desde la poesía pastoril, el Pastor le dice a su Amada en alusión a un cuadro de Chagall: “vamos a capturar violines/ sumergidos en la luna” (p. 124). Se aprecia, así, una diversidad de propuestas poéticas, pero siempre inscritas en un mismo periodo en que convivían el legado de Rilke, la poesía de influencia clásica española, la presencia de Lorca —y, a través de él, un eslabón con el surrealismo—, así como el influjo persistente de Vallejo.

Mi nombre no es una casualidad también recoge poemas publicados en revistas como Cuadernos trimestrales de poesía, Idea, Artes y Letras y Dalmos. Asimismo, incluye un poema dedicado al Che Guevara (Poemas al Che. Edición de Ambrosio Fornet, Winston Orrillo y Pablo de Rokha, 1972) y otro a su hijo Alonso (Antología de la mujer peruana. Edición de Catalina Recavarren, 1986). Además de dos poemas inéditos en mecanoscritos fechados en 1994 y 1995.

Por todo lo expresado, Mi nombre no es una casualidad… se constituye como un aporte señero para una nueva mirada sobre la generación del 50 en el Perú, e incluso como una nueva mirada sobre la poesía escrita por mujeres y, más que nada, como una nueva mirada sobre esta voz prístina que habita la luz y la muerte con ese vasto resplandor de su existencia.

Sarina Helfgott. Mi nombre no es una casualidad. Poesía reunida (1956-1995). Lima: Calandria de Fuego, 2025.

Footnotes

  1. Por ejemplo, la antología de poesía preparada por Helfgott en 1959 con editorial Tierra Nueva incluye las voces de Graciela Briceño, Cecilia Bustamante, Rosa del Carpio, Rosa Cerna Guardia, Julia Ferrer, Nelly Fonseca Recavarren, María Eugenia González, Elvira Miró Quesada, Elvira Ordóñez, Rosa Porras Cáceres, Magda Portal, Blanca del Prado, Catalina Recavarren, María de Reinoso, Lola Thorne y Blanca Varela.

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