Discursos y prácticas del desarrollo

Desco surgió en 1965 como un esfuerzo de jóvenes profesionales, varios de ellos vinculados a la acción social de la Iglesia Católica y relacionados con la Democracia Cristiana. Su origen estuvo inicialmente ligado al Centro para el Desarrollo Social de América Latina (DESAL), creado en Chile por el jesuita Roger Vekemans quien fue un crítico de los modelos de desarrollo que privilegian el crecimiento económico y la inversión sin atender suficientemente las estructuras sociales, las desigualdades, la participación y la justicia social, impulsando el concepto, entonces en boga, de marginalidad. Aunque inicialmente nació como Desarrollo Comunitario, poco después se fundó formalmente el Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo (desco), cuyo nombre reflejó, desde el inicio, una doble vocación: la acción directa en el territorio con la población, así como la reflexión crítica y sistematizada, materializada en estudios, publicaciones e instrumentos de intervención (desarrollo de capacidades, fortalecimiento organizativo, provisión de insumos). Estos aportes alentaron, más adelante en el tiempo el debate sobre alternativas de desarrollo, sirviendo como base para intervenciones territoriales integrales.
Los discursos y prácticas de desarrollo promovidos por las ONG y la cooperación internacional —espacio en el que DESCO ha sido actor activo— han atravesado transformaciones importantes, en consonancia con los cambios sociales y las demandas de las poblaciones. Desde su fundación, la institución ha mantenido su concepción de origen: impulsar el cambio social. Sin embargo, como es obvio, los énfasis y enfoques han evolucionado con el calendario. Desde sus primeros años, el desarrollo fue entendido “como un problema político cuyo sujeto es el pueblo organizado y no ente promotor alguno (…) un hecho conflictivo que suponía ruptura y transformación del orden social precedente” (DESCO, Memoria 40 años).
A diferencia de las corrientes predominantes en sus inicios—los enfoques evolucionistas y desarrollistas centrados en el crecimiento económico, la modernización y la infraestructura—, DESCO implementaba programas que combinaban el fortalecimiento de organizaciones de segundo nivel, el desarrollo técnico-productivo, la gestión de recursos naturales, la movilización de las organizaciones sociales y el fortalecimiento de la institucionalidad local. Desde la investigación, aportaba críticas a las políticas y reformas estatales de la época, análisis de coyuntura y propuestas alternativas construidas junto a las comunidades y poblaciones con las que trabajaba en distintos territorios.
Su posicionamiento institucional mantuvo siempre una mirada crítica de los gobiernos de turno, sin dejar de incidir en la formulación de políticas públicas. Ejemplos más cercanos de ello fueron su alineación con los marcos globales de los ODM y ODS, combinando la adopción de estándares internacionales con una perspectiva crítica, de vigilancia e incidencia, en articulación con aliados nacionales e internacionales.
A lo largo de su trayectoria, DESCO ha incorporado y transversalizado enfoques como el desarrollo humano, la sostenibilidad, el desarrollo local territorial, el género, la interculturalidad y el medio ambiente. Su organización se estructuró desde la década del setenta del siglo pasado en programas territoriales integrales orientados a abordar el desarrollo de manera multidimensional. Estas apuestas estuvieron dirigidas a combatir la pobreza y la desigualdad, así como a promover sociedades democráticas, más justas y transparentes.
En los últimos años, este esfuerzo se plasmó en un marcado enfoque de derechos: a una alimentación adecuada, a una vida digna en las ciudades, al trabajo decente, entre otros, materializándose en intervenciones orientadas a restituir derechos de niñas, niños y adolescentes; fortalecer las capacidades de jóvenes, mujeres y sus organizaciones para el ejercicio pleno de la ciudadanía, así como contribuir al cierre de brechas sociales y económicas que afectan la equidad y la justicia. El seguimiento y la vigilancia de los acuerdos internacionales asumidos por el Estado peruano contribuyeron a ampliar la mirada institucional, más allá de las fronteras nacionales. En función a este trabajo, durante la última década la institución interviene decididamente en el fortalecimiento de las organizaciones y las lideresas sociales con las que trabaja, alrededor de las estrategias contra la corrupción.
Otra línea fundamental en años recientes es la apuesta por la formación continua, es decir, la capacitación y transmisión de conocimientos a las y los dirigentes sociales, tanto como a profesionales dedicados al desarrollo, mediante distintos programas de formación que, entre sus características, contemplan un marcado enfoque de género. DESCO ha mantenido una constante vocación por generar opinión en torno a temas políticos, económicos y sociales. Esta labor se ha plasmado en diversas series editoriales, boletines y publicaciones, siendo la revista Quehacer y Perú Hoy las expresiones más representativas de esa voluntad. Cada volumen de Perú Hoy, especialmente los publicados en diciembre de cada año, abordaron temas centrales del quehacer institucional, articulando reflexiones sobre enfoques de desarrollo y prácticas territoriales. Diversos números dedicados a la desigualdad, las clases medias, los mercados, el poder o el “Perú subterráneo” reflejan claramente la voluntad permanente por combinar discurso crítico con práctica en los territorios.
DESCO ha logrado mantenerse durante 60 años gracias al permanente desarrollo y adaptación de su institucionalidad a los cambios vividos por el país y a mantener un carácter plural y flexible, que le ha permitido adaptarse a las demandas de cada coyuntura. Su vocación ha sido siempre la de responder de manera comprometida a los distintos procesos sociales del país.
