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La crisis y los mineros

La crisis y los mineros
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Por todos estos hechos (hablo de las luchas mineras de la década de los sesentas), para los diversos grupos de la izquierda peruana, los mineros ocupan el primer plano de su atención. Para ellos, los mineros de la Cerro aparecen como la fuerza dirigente de los trabajadores peruanos, como un sector de elevada conciencia obrera con tradición proletaria, como el prototipo del proletariado en el Perú: obreros con tradición proletaria, antiguos, cohesionados por una serie de luchas. Alberto Flores Galindo, Los Mineros de la Cerro de Pasco

La minería es acaso el nexo más visible y la continuación de lo que hoy llamamos colonialidad. No es extraño que la lucha contra el gamonalismo y la minería sean una parte importante de nuestra historia y también de nuestra identidad. Los campesinos y los mineros han sido los sujetos emblemáticos en esta lucha contra el abuso gamonal y por la tierra y contra la explotación y el abuso en la misma. Ejemplo de ello es la novela El Tungsteno de César Vallejo (1931) que narra la explotación de los trabajadores por las empresas mineras extranjeras y las elites peruanas. Esa imagen que era ‘normal’ en el pasado ha ido cambiando no tanto por la benevolencia de los dueños de las minas sino por la lucha de los trabajadores a través de varias décadas, que permitió, además de modernizarse, la modernización del país.

La lucha hoy de los mineros es muy distinta. Estos mineros de hoy no luchan como en el pasado y tampoco son la vanguardia del proletariado, incluso no son obreros y por ello no reclaman por aumento de salarios, son más bien empresarios (o emprendedores) que incluso contratan obreros para explotar la mina. Es por ello que sus reivindicaciones son distantes ya que está en juego la renta minera, la propiedad de la tierra y el subsuelo y el apoyo del Estado. Incluso han logrado el apoyo de partidos en el congreso que compite con la capacidad de influencia de los grandes empresarios. Por lo que está en juego, finalmente es si logran convertirse en propietarios capitalistas.

Luego del fin del gobierno militar se producen una serie de nuevos procesos sociales. El primero, como afirma Carlos Monge es: «La transición demográfica, las migraciones y la urbanización, la activa participación de la población en la dinámica capitalista y la nueva presencia del Estado (que) han redefinido la organización y la dinámica social en el mundo rural»1 El segundo es la implantación del neoliberalismo por el dictador Alberto Fujimori que consiste en reducir el papel del Estado en la economía en favor de la iniciativa privada. El tercero es la expansión de la violencia en el país como consecuencia de la lucha antiterrorista y que redujo el control territorial por parte del Estado.

Ya para el nuevo milenio se produce el boom minero que con oscilaciones continua hasta ahora. El cuarto es el avance y la aparición de lo que se llama la economía ilegal como el narcotráfico, la tales de bosques, la trata de personas, el contrabando, entre otras actividades.

Es en este nuevo contexto es que Francisco Durand plantea el tema de las llamadas tres economías: formal, informal e ilegal.2 La formal «la componen empresas y trabajadores que operan dentro de la legalidad», la segunda es la economía informal constituida por empresas y trabajadores que operan en una zona institucional claroscura. No es que sean ilegales, sino que muchas de sus operaciones no son legales. Su nivel de trasgresión es limitado. Y la tercera es la estructura delictiva o economía del delito que «ha crecido espectacularmente de crisis en crisis. Al principio su dinámica fue anticíclica, lo que hace que se la tolere socialmente porque ofrece alternativas de empleo e ingresos, pero luego con más alzas que bajas se establece permanentemente al pasar el ciclo recesivo, escondiéndose en medio de la bonanza exportadora.

Este cambio cuantitativo y cualitativo de lo delictivo se inicia a fines de la década a fines de la década de 1970 y explota en la década de 1980, justo cuando el Estado llega a su punto de mayor debilidad institucional». Para Durand tanto la prolongación de la crisis como el debilitamiento del Estado «dieron alas a los ilegales a gran escala». Sin embargo, lo más interesante de las tesis de Durand es que «con el paso del tiempo, al prolongarse esta terrible situación, se fueron dando las condiciones para una acumulación originaria del capital pirata». Si bien esta clasificación de las tres economías puede ser correcta, si se introduce la diferencia de la ‘acumulación originaria del capital’ como despojo del proceso de ‘acumulación de capital’ en sí, la perspectiva cambia.

Para comenzar hay que decir que el proceso de acumulación original, es muy distinto al proceso de acumulación de capital en sí.

Para profundizar este tema vamos a utilizar a Ernest Mandel 1 que señala que «la acumulación originaria de capital y la acumulación de capital a través de la producción, no son meras fases sucesivas de la historia económica». En ese sentido, precisa Mandel, «a lo largo de toda la historia del capitalismo hasta el presente, los procesos de acumulación originaria del capital han coexistido constantemente con la forma predominante de la acumulación de capital a través de la creación de valor en el proceso de producción» En efecto afirma Mandel, «los campesinos, los tenderos, los artesanos, hasta incluso los empleados, los burócratas del gobierno y los obreros altamente calificados tratan de convertirse en capitalistas y de explotar ellos mismos la fuerza de trabajo arreglándose de una manera u otra (el consumo excepcionalmente limitado la usura el robo el fraude, la herencia los premios de la lotería, etc.)». Lo que nos dice Mandel es que la mayoría de emprendedores son candidatos a ser capitalistas, incluso ellos mismos. En ese sentido, las economías informales o delincuenciales, más allá si son legales o no, son formas incipientes de capitalismo. La legalidad no define el carácter capitalista de una empresa. Me pregunto si eliminar a un sector informal es eliminar también a un sector que busca ser capitalista.

Por eso como dice Mandel: «Aunque este proceso de acumulación originaria de capital presupone ya la existencia del modo de producción capitalista (a diferencia el proceso histórico de acumulación originaria de capital descrito por Marx), y aunque su papel en los países capitalistas ya industrializados es insignificante, tiene, sin embargo, una importancia considerable en los países coloniales y semicoloniales: los llamados países en desarrollo. Este proceso de acumulación reviste todavía para estos países, tanto cualitativamente como cuantitativamente, una importancia mayor para la estructura social y el desarrollo económico que la creación de plusvalía en el proceso de producción propiamente dicho.»

Estas reflexiones nos deben de llevar a valorar la informalidad no como un espacio donde los sectores pobres se puedan auto explotar para sobrevivir sino más bien puedan vivir bien y pasar a otra fase de la acumulación de capital que les permitan una vida mejor. Eso me parece es lo que quieren hoy los llamados mineros informales y hasta algunos mineros ilegales.

Footnotes

  1. Monge, C. 2024. Capitalismo extractivista y democracia neocolonial. La transformación del Perú rural. IDEHPUCP. 2

  2. Durand, F. 2007. El Perú fracturado: formalidad, informalidad y economía delictiva. Lima: Fondo Editorial del Congreso de la República.

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