17
Actualidad

Derechos de las mujeres en la era de los autoritarismos

Derechos de las mujeres en la era de los autoritarismos
Facebook Movimiento Manuela Ramos

Los ataques al enfoque de género y a los progresos en derechos de las mujeres se encuentran en el ojo de la tormenta, y están sufriendo un rápido desmontaje de la estructura que el Estado liberal les concedió, sobre todo allí donde la ultraderecha manda desde los poderes de aquél, como en el Perú. Su defensa tampoco es asumida desde posiciones de izquierda que lo señalan como parte de una agenda que refuerza la idea de que la modernidad solo llega desde Occidente, y por ende, el ‘género’ como tal debe desaparecer, generándose así un punto de encuentro con las fuerzas de ultraderecha. Tras las elecciones de este abril, se vislumbra el mismo escenario de tensión de los últimos cinco años para los derechos de las mujeres. Urge un replanteamiento de las posiciones de los grupos defensores de estos derechos, pues la opresión sobre las mujeres, occidentales o no, es real, y su solución es compleja y vista como centralista, capitalina y pro occidental.

La alianza religiosa conservadora de ultraderecha

En el Perú, el populismo de derecha fujimorista y el falangismo de Renovación Popular, llevan como aliados a vertientes de iglesias cristianas conservadoras. El fujimorismo, desde el siglo pasado, ha ido de la mano con la iglesia evangélica y los sectores sociales bajos y medios-bajos, mientras que las élites católicas conservadoras han encontrado un buen representante en el jefe de Renovación Popular, capaz de reivindicar para sí un linaje hispánico de ‘cristiano viejo’.

Para los conservadores religiosos, las luchas por la sexualidad y la reproducción fueron el centro de su preocupación desde la segunda ola feminista en los años sesenta. Las alarmas sonaron, cuando iniciada la pandemia del vih/sida, la visibilidad de la diversidad sexual impulsó una conceptualización de la salud sexual y reproductiva en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, en El Cairo en 1994, seguida de la Plataforma de Acción de Beijing en 1995, que reconoció el derecho a decidir sobre su sexualidad como un derecho humano de las mujeres y un logro para la igualdad de género. La activista feminista Sonia Correa, recuerda que “por primera vez, en la Conferencia Internacional de El Cairo sobre Población y Desarrollo de 1994, el término género se inscribió en un documento intergubernamental” y que en la Reunión del Comité Preparatorio de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer (Pekín 1995), en Nueva York, “el término género fue atacado abiertamente por grupos católicos de derecha con sede en Estados Unidos…” 1

¿Qué era el género? Un enfoque destinado a deconstruir la desigualdad entre hombres y mujeres, “inscrita en una naturaleza biológica que es en sí misma una construcción social naturalizada”, según definición de Pierre Bourdieu.2 La iglesia latinoamericana fue informada a través del documento: “La ideología de género. Sus peligros y alcances”, elaborado por el Presidente de la Comisión ad hoc de la Mujer de la Conferencia Episcopal Peruana.3 Allí se decía: “Los proponentes de esta ideología quieren afirmar que las diferencias entre el varón y la mujer, fuera de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija que haga a unos seres humanos varones y a otros, mujeres. Piensan más bien que las diferencias de manera de pensar, obrar y valorarse a sí mismos son el producto de la cultura de un país y de una época determinados…”. Y es que no podría ser de otra manera, el ser humano no es solo cuerpo/cosa, sino cuerpo/encarnado o cuerpo/texto.

Un impulso a esta posición conservadora fue la promulgación de la Ley de Libertad Religiosa en 2010, Ley 29635, que homologó en privilegios a las iglesias cristianas con la iglesia católica, que los tenía gracias al Concordato entre el Perú y la Santa Sede, firmado por la dictadura de Morales Bermúdez en 1979 y considerado por muchos, inconstitucional. En la actualidad, más de 150 iglesias cristianas han sido registradas ante el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos desde la vigencia de dicha norma, dando lugar a una renovada corriente evangelizadora que disputa al Estado su control sobre escuelas o comunidades indígenas y sus creencias ancestrales, y cuyos pastores pueden postularse como representantes para una función política desde sus iglesias financiadas por el Estado. El factor religioso es sin duda uno de los terrenos menos regulados y a la vez menos estudiados por la ciencia política.

Si en el siglo pasado, el conservadurismo católico peruano promovió un anti izquierdismo y combatió la teología de la liberación, “en el nuevo milenio, la doctrina social de la Iglesia se impuso la lucha contra el feminismo y el movimiento por los derechos LGBTQ”.4 Pese al principio de laicidad, la disputa entre los sectores religiosos conservadores y los movimientos pro derechos de la mujer, es expresión de la lucha entre el Estado y su reconocimiento de derechos, versus las iglesias y su pretensión de dominio de la ciudadanía. La actual implosión democrática es el terreno adecuado para que lo eclesial antiestatal se vaya imponiendo en este pulso entre dos fuerzas en tensión desde la fundación del Estado moderno.

Internet, mercado, fuerzas de la implosión democrática

La implosión democrática occidental de este siglo ha tenido mucho que ver con los avances de la ciencia y tecnología que contrasta con este tradicionalismo religioso, que es su aliado. Desde la instauración de la era de la comunicación en los años 90, internet ha gozado de una desregulación pese a suponer muchos riesgos. A diferencia de la prensa escrita o audiovisual, es interactivo y por ello despierta muchas más emociones que son adictivas y capturan más tiempo en las redes, generando ganancias multimillonarias. Si la interacción propia de internet sirvió para convocar a la primavera árabe o a las marchas contra la violencia contra la mujer en las calles, hoy, “el providencial internet ha devenido el ágora moderna de los debates hasta ahora prohibidos”,5 dice el periodista de ultraderecha francesa, Ivan Rioufol. Sus características como lugar emocionalmente interactivo, ‘liberado’ de tabúes y ley, y refugiado en el anonimato, hacen que se vaya gestando una atmósfera placentera de “no tener barreras”, característica que se quiere llevar a los medios de comunicación escritos y televisivos 6 que aún se rigen por "reglas de rigor y seriedad en la investigación" como fundamento de su existencia. El problema es que por esta vía se va generando y alimentando “un mundo paralelo virtual”, que es más real de lo que pensamos, ya que así como el lenguaje crea realidades desde el derecho y la política, también crea realidades que fulminan ese derecho y política.

No extraña que se preconice la libertad de decir lo que nos provoque en internet; se sigue la lección dejada por la libertad como credo del mercado y sus interacciones anónimas. Un ejemplo de este campo en desarrollo, es la ‘manósfera’ o red de sitios virtuales de comunidades masculinas que promueven la superioridad masculina, su victimización o la justificación de la violencia contra las mujeres. Una idea que los une es recuperar su pérdida de poder: la supremacía blanca y masculina. La privatización de la economía y la reducción del Estado les han proporcionado un poder real frente a declaraciones formales de reconocimiento de derechos.

El cargamontón contra el género

La guerra contra el género se ha desatado en todos los frentes, sea como ‘ideología de género’, ‘marxismo cultural’, ‘intromisión occidental’ o ‘tiranía de la corrección política’. Los adversarios del género, aunque diversos, han establecido alianzas entre ellos: desde sectores que niegan cualquier desigualdad real de raíces históricas, hasta sectores populares que cuestionan al género por prevalecer por encima de las necesidades materiales, la precariedad y las garantías de salud y educación de las personas.

La arremetida actual implica para los grupos de defensa de las mujeres, una urgente revisión de sus términos de actuación, hasta ahora bajo la protección del Estado liberal y los avances de convenciones internacionales. Hay que defender la existencia de la problemática de género, no hay que negar el sexismo. Se trata de decolonizar la herramienta (el enfoque de género) estudiando creencias y prácticas locales para perfeccionarla, generando así también una modernidad alternativa a la occidental, hoy caída en desgracia. Los peligros sobre las mujeres arrecian. Que la tradición se hermane con un mundo económico ultramoderno, para proclamar la libertad de los más fuertes sin reconocer las deudas con los más ‘débiles’ dejando atrás al Estado como garante de derechos, nos habla del avance de la privatización hacia áreas como la familia, depurada de toda protección legal sobre sus miembros, que en sintonía con la tradición religiosa proveerá de todo aquello que el Estado niegue a sus ciudadanos; en particular, niños, ancianos, y toda persona sin capacidad de producción económica.

Footnotes

  1. Correa, Sonia. Gender ideology, tracking its origins and meanings in current gender politics. London School of Economics.

  2. Bourdieu, Pierre. La dominación masculina. Anagrama.

  3. Alzamora Revoredo, Oscar. La ideología de género. Sus peligros y alcances. Conferencia Episcopal Peruana.

  4. Casey-Pariseault, Matthew La teología política del conservadurismo católico en el Perú contemporáneo. p.43

  5. Rioufol, Ivan. De l´urgence d´etre réactionnaire, p.25 La traducción es nuestra.

  6. El programa de ultraderecha “Mundos paralelos” de canal N lanzado en 2023, fue un primer intento de ello.

siguiente artículo

Derechos de las mujeres en la era de los autoritarismos | Violeta Barrientos