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Especial

desco, una experiencia de desarrollo para la vivienda y la ciudad

desco, una experiencia de desarrollo para la vivienda y la ciudad
Juan Tokeshi

Cuando se fundó desco, la sociedad peruana vivía un proceso de crecimiento, con drásticos cambios económicos y sociales. La realidad de los organismos privados de investigación y acción era muy distinta a la actual. Las universidades tenían pocos o ningún departamento de promoción del desarrollo social y eran escasos los recursos para estudios académicos y técnicos para el desarrollo nacional. Las acciones sociales a cargo de entidades públicas tales como el Ministerio de Salud y Asistencia Social, los aparatos municipales y los órganos encargados de la vivienda, tenían un claro corte asistencialista y atendían a un reducido sector de la población demandante o simplemente paliaban una situación, sin pretender ir a su raíz. Por lo demás, eran (y son) pocos los grupos caritativos que llegaban allí donde las necesidades y el sufrimiento aparecían como invisibles a los ojos de la sociedad oficial.

Durante la década de 1960 confluyen la expansión de universidades públicas, nuevos círculos intelectuales que animan debates sobre temas como la reforma agraria o la dependencia y el desarrollo, en medio del impacto continental de la revolución cubana y la búsqueda de un desarrollo latinoamericano inspirado en las tesis sobre la industrialización nacional sustitutiva de la CEPAL. La aparición de nuevas clases medias urbanas y una cierta modernización de la política favorecieron este proceso.

Por entonces, el Estado Peruano intervenía en los llamados barrios marginales o barriadas a través de la Junta Nacional de Vivienda, abriendo caminos en el continente al desarrollar una visión más comprensiva sobre estas urbanizaciones, en comparación con los demás países de la región, que eran menos tolerantes ante los procesos de urbanización de los migrantes pobres provenientes del campo.

Hasta entonces, los estudios sobre las barriadas peruanas estaban teñidos de miradas de tipo antropológico a las familias y sus organizaciones. Las barriadas y sus gentes eran ‘los otros’ en la ciudad y los estudios buscaban conocerlos y desarrollar acciones hacia ellos con el objeto de facilitar un cierto proceso de adaptación a la ciudad y, supuestamente, modernizarlos. Incluso el tema del control de la natalidad estaba presente en grupos de voluntariado que visitaban las barriadas de entonces. Fue también el momento en que se hizo controversialmente famoso el libro Los hijos de Sánchez del antropólogo Oscar Lewis, que apareció traducido al castellano en 1963, describiendo minuciosamente, desde los ojos de un académico norteamericano, cómo vivía una familia pobre urbana en México.

Sin embargo, había otros temas importantes a ver sobre las ciudades, las barriadas y sus gentes. En la discusión global estaban relacionados a los debates sobre la marginalidad y el ejército marginal de reserva. desco buscó situarse en ellos, aportando desde un ángulo más empírico, que proporcionara pistas de intervención práctica. De allí surgió el estudio Marginalidad en Lima Metropolitana (Lima 1970), efectuado con el Centro de investigaciones sociales por muestreo del Ministerio de Trabajo.

En los años sesenta ‘tener el dato’ estadístico nuevo, que sea diferente a la escasa información censal, era muy significativo. Las barriadas eran definidas de muchas maneras —inclusive en la Ley orgánica de barrios marginales de 19611—, pero ninguna era una noción urbanística. Se definían por lo que les faltaba —servicios y equipamiento—, y no por su modalidad progresiva de urbanización y de edificación. Se las describía por la pobreza de los jóvenes inmigrantes, ignorando que con el transcurso del tiempo la situación evolucionaría. Si la característica central de las barriadas era la falta de servicios, la precariedad del inicio de la vivienda y el hecho que se trataba de familias de bajos ingresos, ahora tendría que afirmarse que muchas de esas urbanizaciones dejaron de ser barriadas, aunque los problemas urbanísticos y sociales subsisten.

desco buscaba influir en quienes trabajaban en las barriadas, tanto desde el sector público como sobre los voluntariados civiles y religiosos, ya no con ideas de lo que esas urbanizaciones no eran, sino con conceptos acerca de lo que sí eran y acerca del tipo de apoyo profesional que se necesitaba. Es cierto que al funcionario de un ministerio, una región o un municipio le interesa conocer las estadísticas de su población, pero también —y ese ha sido un aporte significativo en las publicaciones de desco desde los años sesenta—, tiene que saber que se trata de modalidades de urbanización distintas a las convencionales, pues son progresivas y están a cargo de las familias, esto es de micro empresas que movilizan sus (propios) recursos y no los del subsidio público.

Se urbaniza paso a paso, a partir de la seguridad de la tenencia del suelo, se construye la vivienda progresivamente aunque de manera informal por la falta de sistema y apoyo públicos, que tienen otros países para la autoconstrucción de viviendas. Esa tarea inicial de desco apuntó motivar a organismos y al voluntariado a intervenir de manera diferente, aunque no se ha logrado hasta hoy una mirada profesional distinta que piense que la vivienda nueva y barata no tiene que ser exclusivamente un producto del tipo ‘caja de zapatos’ del programa estatal Techo Propio, que caracteriza la producción de casas y espacios residenciales que se repite hasta ahora.

A fines de los años setenta, desco buscó influir de manera más práctica. Para cumplir su misión de combinar estudios y promoción del desarrollo, se creó el Programa Urbano que actuó con las comunidades de El Agustino —una vieja barriada que seguía transformándose—, Huáscar en San Juan de Lurigancho —barriada entonces de reciente formación por el gobierno militar sin efectuar acciones de promoción de las familias adjudicatarias de lote— y posteriormente, ya en la década del 80, en Villa El Salvador. Los asuntos a resolver en urbanizaciones que fueron dejadas de lado por las autoridades no solamente demandaban novedosas aproximaciones profesionales, sino también la promoción de una gestión territorial participativa.

Ese fue el caso del Programa de densificación habitacional en Villa El Salvador, desarrollado durante la década del 90, que buscó atender la inevitable pulsión de las familias para completar y ampliar sus viviendas. Las familias conocían el valor actual de sus terrenos y de sus aires en barrios que ya tenían los servicios y viviendas edificadas, buscando su ampliación y mejora pensando en su futuro y el de los hijos. Así, edificaban con sus propios recursos, sin asistencia técnica y en medio del desprecio formal de quienes administran los recursos del subsidio público, que los califican desdeñosamente como informales. Parecen ignorar, que más del 60% de todas nuestras ciudades (excepto Lima, con el 40%), se ha urbanizado y se edifica de esa manera. El parque urbano ya edificado y edificándose día a día en la barriada no solo es un problema, también es una oportunidad 2 que reclama asistencia profesional de gran calidad y personalizada, que demanda menos dinero de subsidios y el subsidio al suelo nuevo, y a la inversión industrial, allí donde aún no hay ciudad. Ningún pregonero de la ‘caja de zapatos’ nueva en terreno nuevo se atreve a proponer la demolición de las urbanizaciones de autoconstrucción progresiva. Ese no es ‘su’ problema. Pero la vivienda que crece sin asistencia técnica sí genera un enorme inconveniente urbano y de vivienda que incumbe al país, sus ministerios y sus municipalidades.

Atender este asunto ha sido una actividad importante, que tomamos como un ejemplo de lo que motiva al Programa Urbano. desco desarrolló un programa de subsidio a la asistencia técnica de calidad y personalizada, acompañado por un crédito comercial de la banca nacional para el refuerzo y la ampliación de la vivienda. No se subsidiaron los materiales de construcción, ni hubo ganancia del promotor, puesto que la misma familia es la promotora de la edificación. Se subsidió, eso sí, aquello que la familia no paga, una asistencia técnica respetuosa del sacrificio familiar y adecuada tanto a los planes familiares y a la situación específica de la edificación. En 1991 (en medio de la crisis del ajuste que aplicó el presidente Fujimori), un importante banco comercial otorgó pequeños créditos, que desco garantizó con un fondo que obtuvo de la Cooperación Francesa Descentralizada. Al inicio el banco prestó a las familias por el doble de nuestro fondo de garantía y a fines del proyecto, el apalancamiento del fondo, que no perdió dinero, se multiplicaba por cuatro.

No continuamos con este exitoso proyecto piloto, pues lo que le corresponde a la ONG no es resolver el problema de la vivienda, sino mostrar cómo se pueden hacer las cosas con el mismo dinero que ahora se usa para subsidiar la vivienda nueva en suelo nuevo. Lo que hicimos fue mostrar la factibilidad social y económica de un modo apropiado de atender un inmenso problema. En 1997 se nos seleccionó como experiencia exitosa para la conferencia Hábitat II de la ONU. Desde el año 2000 hemos explicado y mostrado repetidamente los resultados de esa intervención a las diferentes autoridades del Ministerio correspondiente. El programa experimental responde en términos de mercado a la interrogante sobre cómo edificar una vivienda formal, arriba y al costado de una vivienda que surgió sin asistencia técnica y como esfuerzo de unas pequeñas empresas constituídas por las propias familias. Nuestra pregunta fue: ¿cómo hacer una ampliación formal en una vivienda que se inició de manera informal? Como se sabe, una pregunta bien formulada es la mitad de una buena respuesta. Desarrollamos el producto y creemos que corresponde al responsable de la política de vivienda ponerlo en práctica.

En medio del desprecio hacia lo popular, desco busca efectuar esta suerte de estudio/intervención de prefactibilidad social y económica de lo que puede convertirse en una sensata política pública, en caso de haber la voluntad pública para ello. Este asunto, que no depende de la ONG, sino de la política, ha sido y continúa siendo, la fuerza de las acciones en el tema urbano, social y técnico-profesional. Así, sucedió con el acompañamiento a las iniciativas pioneras de presupuesto participativo municipal en Villa El Salvador, ahora devenido en un desgastado procedimiento desprovisto de diálogo y participación social.

El Programa Urbano también estimó conveniente y estratégico en los territorios barriales donde interviene participar y promover conjuntamente con las vecinas en los distritos de Lima Sur, la elaboración de agendas políticas 3, así como la demostración práctica en los años noventa de cómo es posible regar y mantener verde una enorme área pública (como son las bermas centrales de las avenidas de Villa El Salvador) con el tratamiento de las aguas residuales para el riego de parques y alamedas, considerando que el agua llega racionada al distrito.

Como estas, son numerosas las experiencias por las que ha pasado el Programa Urbano de desco. A manera de cierre, creemos que hemos aportado al menos en tres aspectos: (i) el reconocimiento de la urbanización popular como sistema productivo, desplazando la mirada asistencialista para una comprensión de las barriadas como formas legítimas de urbanización progresiva, producidas por las propias familias (microempresas), con lógica económica y territorial propia; (ii) la articulación entre conocimiento técnico y acción territorial al consolidar un enfoque que integra la investigación empírica con la práctica, orientado a generar modelos replicables (no solo diagnósticos), influyendo en políticas públicas como en actores locales; (iii) la innovación en instrumentos de subsidio a la oferta, demostrando la viabilidad de su orientación a la asistencia técnica y el financiamiento incremental en apoyo a la autoconstrucción, en lugar de subsidiar vivienda nueva estandarizada, revalorizando así el parque construido y reduciendo costos públicos.

Footnotes

  1. Ley Orgánica de Barrios Marginales y Aumento del Capital de la Corporación Nacional de la Vivienda. Esta ley declaró de necesidad e interés nacional la remodelación, saneamiento y legalización de las barriadas y encargó su ejecución a la Corporación Nacional de la Vivienda: además reconoció jurídicamente los barrios marginales existentes hasta 1960 y prohibió la formación de nuevas barriadas posteriores a esa fecha. Es una norma clave porque marca el paso del Estado peruano de la represión y la ignorancia de las llamadas ‘invasiones’, a su reconocimiento y ordenamiento urbanístico.

  2. No insistimos acá en las debilidades de esta modalidad de producción progresiva de la vivienda, pues de ello se encargan cotidianamente los representantes de quienes contratan con el subsidio público. Nuestra actividad sistematizó los problemas más frecuentes encontrados entonces.

  3. Una agenda política de la mujer, en el contexto de desco y de Lima Sur, es un instrumento colectivo de incidencia que organiza y prioriza demandas de mujeres para influir en políticas públicas locales. Surge de un diagnóstico territorial participativo que evidencia brechas persistentes en autonomía económica, acceso a servicios urbanos, seguridad frente a la violencia y representación en la toma de decisiones. En este marco, la agenda no solo sistematiza problemas, sino que traduce necesidades en propuestas viables, posicionando a las mujeres como actoras políticas en la construcción de la ciudad.

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