Sobre «Mañana fuimos felices», de Maruja Barrig

El título del último libro de Maruja Barrig es una sugerente figura literaria: la felicidad se halla en un mañana siempre elusivo, porque en realidad pertenece al pasado. Dicho de otro modo, sin sospecharlo, ayer éramos felices y lo que nos queda es la nostalgia de tener un mañana.
Por su parte, el subtítulo lo define bien: estamos ante una reunión de ensayos, entrevistas y crónicas escritas durante unos 25 años, entre fines de la década del setenta del siglo pasado y comienzo de los 2000. Básicamente son textos de los años ochenta y noventa.
Por ello, la originalidad más saltante de este libro es ser documentación de época. Son escritos de esos años que vuelven a la luz. No son memorias ni recuerdos, que siempre son muy subjetivos porque buscan defender el puesto en la historia de quien recuerda. Por el contrario, este libro se asemeja a un diario, al dar a la luz pensamientos de esos días. No es una reevaluación del pasado, sino una expresión del ayer.
Otra clave es que son textos controvertidos, no estaban hechos para el consenso, sino para generar debate. La naturaleza combativa de estos artículos redobla su interés. No estamos ante un pasado edulcorado, sino a uno agudo y lleno de aristas. Se parecen a la naturaleza del país, muchas quebradas y hondos abismos.
Así, este libro está construido desde una elevada inconformidad y espíritu crítico. No son propaganda y menos defensa cerrada de un punto de vista afín a la autora. Todo lo contrario, el libro muestra que en esos días Maruja Barrig estaba pensando en qué se estaba haciendo mal en el campo que ella ocupaba. Por ello, encuentro que el rasgo número uno de este texto es la autocrítica. Busca desnudar al rey y no ensalzarlo.
Esta postura tiene profundas implicancias y plantea una serie de obligaciones. Una de ellas es la profundidad de la mirada, al exigirles a los suyos, el texto tiene que ser sustancioso. De lo contrario, queda como una llamada de atención sin mayor levadura. Por su parte, el propagandista la tiene fácil, puede dormirse en los laureles, pero Barrig pretende cuestionarlos y tiene que superar la doble exigencia que se ha planteado a sí misma.
Como su valla era alta, tuvo que asumir el desafío; era una prueba de carácter y la evidencia que ofrece esta recopilación es la persistencia de la autora; Maruja Barrig no ha cedido a la complacencia. El tipo de legitimidad intelectual que despierta es derivado del respeto, porque se reconoce una mirada capaz de descubrir el fustán y revelar lo que quería ser escondido.
Ahora bien, quiénes son los sujetos colectivos que aparecen en este libro. En síntesis, son dos: la izquierda y el feminismo, que surgen en momentos distintos, pero conectados y cercanos, uno detrás del otro.
La izquierda que muestran estos artículos parece encerrada en sí misma. El tema principal de la reflexión de sus dirigentes es el partido de masas, cómo construir organizaciones de mayor dimensión que respondan a los requerimientos de la democracia ochentera. Se requería impulsar comités, abiertos y democráticos, que atraigan a ciudadanos interesados en la gestión política, muy distintos de los militantes provenientes de los círculos de estudio ideológico y de acción sindical, habituales de los setenta.
Esa cuestión no era irrelevante. De hecho, tenía trascendencia: cómo construir un aparato político en democracia. Pero, no estaba acompañado por un esfuerzo por renovar la comprensión del país. El Perú que aparece en la mente de los entrevistados es un país parecido al canónico de José Carlos Mariátegui y los 7 ensayos. Los ejes del discurso son el imperialismo, los indígenas y la semi-feudalidad. La reflexión izquierdista apenas estaba actualizada por categorías provenientes de la Teoría de la Dependencia, que habían sido usadas para reforzar la tesis mariateguista de la nación en construcción en oposición al imperialismo.
En efecto, en los líderes de Izquierda Unida (IU) que aparecen en este libro no se evidencia una preocupación por entender las profundas transformaciones sociales de los ochenta. La quiebra masiva de la industria nacional y la multiplicación de la informalidad no son puestas en debate por la izquierda, sino por la derecha de Hernando de Soto. La categoría de clase propia del marxismo estaba siendo confrontada por la evolución de la economía peruana y los dirigentes políticos de IU, pasaron por alto la naturaleza y demandas del informal, habiendo mantenido un discurso proletario y socialista.
Por eso, los líderes izquierdistas aquí mostrados aparecen mirándose a sí mismos, lo suyo era lo interno y orgánico antes que el país y sus dilemas. Cómo fui parte de esta izquierda, entiendo con facilidad el dilema político, ya que era lo mío y viví el proceso desde lo personal. Levanto este punto para advertir lo obvio, no conozco tanto la sección del feminismo, porque siempre la observé desde lejos, con interés y simpatía, pero también con prudente distancia.
En la introducción a este libro, Mijail Mitrovic recuerda que, en 1979 Maruja Barrig escribió un clásico de las ciencias sociales: Cinturón de castidad, la mujer de la clase media. En este texto, el personaje social es la mujer “clasemediera” que busca construir su propia autonomía. A continuación, habiendo definido un sujeto de estudio, los artículos reunidos en este libro estudian los diversos subtipos como pitucas y marocas, las unas vigentes desde siempre y hasta hoy, mientras que las otras corresponden a actitudes ante la sexualidad propias de los años sesenta.
En efecto, la sexualidad es clave para comprender la dinámica social de las mujeres presentadas en este libro. El tema de aquellos días era la reivindicación de una sexualidad propia y el reclamo de libertad para practicarla. Ese punto de partida condujo al naciente feminismo peruano al encuentro con el socialismo. Una relación también explorada en la Introducción de Mitrovic. Ante el punto, mi apreciación es que la conexión que nos muestran estos artículos era axiológica, compartían una escala de valores. Es más, eran las mismas personas que transitaban entre dos identidades complejas y parcialmente complementarias, aunque contradictorias en otras dimensiones.
Pero, ¿cuál era la conexión entre feminismo y socialismo? Se trataba de valores sustentados en la búsqueda de un nuevo orden moral, presidido por la solidaridad y el compromiso colectivo. Entre el feminismo y el izquierdismo de época había la misma idea de la importancia del grupo para la realización individual. El individuo se hacía grande fortaleciendo algún colectivo o movimiento. No era concebido como átomo aislado puesto que los valores, aquellos compartidos por feminismo y socialismo, harían que la realización fuera colectiva. La persona se construía en tanto puntal de la sociedad.
De ahí que, para un sector significativo de las mujeres feministas de esa primera hornada, la identificación con la izquierda pareciera posible. Acompañada por tensiones y desavenencias, pero en la coyuntura política de los años 1980, entre el APRA de García y los partidos de derecha, las feministas estaban por Barrantes y la IU. Lo mismo si pensamos en relación a Sendero o el MRTA. Ante la violencia, la gran mayoría de las feministas optó por la senda de izquierda democrática. De ese modo, la coyuntura política ochentera reforzó el vínculo entre ese primer feminismo y la izquierda de la época.
El dilema político de esta generación de feministas fue la postura frente al gobierno de Fujimori en los noventa. El proceso del feminismo fue diferente al izquierdista, porque éste tuvo que posicionarse con respecto a Sendero y la democracia al comenzar los 1980. Por su parte, los retos conceptuales del feminismo corresponden a la década siguiente, cuando gobernaba Alberto Fujimori, quien era reaccionario, pero no necesariamente conservador. Por ejemplo, estuvo a favor de difundir métodos de anticoncepción a través del MINSA. Asimismo, estuvo en contradicción con la Iglesia Católica en las políticas públicas de población. Su entendimiento con el gobierno chino alrededor de una política neo malthusiana le permitió ser el único presidente varón que estuvo invitado a la reunión mundial de mujeres de Beijing 1995.
¿Cómo posicionarse ante Fujimori? Este libro muestra el dilema, las dudas y las consecuencias políticas de esta decisión. No entraré en detalles, pero aquí se halla uno de los puntos del debate de antaño que convendría volver a revisar. Este libro lo permite y la reconstrucción de ese intercambio arrojaría muchas ideas de fondo.
Para terminar, ¿qué dice este libro sobre nuestros días? Una primera apreciación es que los sujetos están vivos, han redefinido sus dimensiones y contornos, pero no han desaparecido. Ahí están izquierdistas y feministas. Obvio, no son los mismos de antes, tampoco tienen el mismo impacto ni provocan los mismos sentimientos. Pero, en lo básico, son figuras aún reconocibles.
Sus cambios también son evidentes y están registrados en el epílogo, construido alrededor del tema de la vejez. Es la única sección de este libro escrita en nuestros días. Para entender esas veinte páginas finales creo necesario tomar en cuenta el concepto de generación. A cierta edad entendemos que existen pulsiones y retos que derivan de la etapa de la vida que uno está viviendo. A los viejos nos corresponden ciertas demandas interiores que no teníamos cuando éramos más jóvenes. Al final es la vuelta a la familia y al hilo conductor que conecta a nuestras familias con una tradición, la nacional.
Esta última pulsión vital está acompañada por dilemas que todos afrontamos: a veces sentimos mayor madurez, pero otros días experimentamos decaimiento y pérdida de energía. Lo mismo con la libertad, gracias a la jubilación, los hijos ya están crecidos y son autónomos, y nos sentimos más libres que nunca, pero ahí nomás está la enfermedad para mostrar que esta edad es el anticipo de la muerte. Las amistades van desapareciendo.
Veo estos dramas en nosotros los viejos, pero supongo que, uno se ubica ante ellos de acuerdo al carácter que siempre lo acompañó. Lo constante que nos acompaña a todos es la relación con los jóvenes, empezando por la familia que reaparece con inusitada fuerza. En el caso de los intelectuales, ese último impulso vital se traduce en el inmenso valor que los mayores le conceden al diálogo crítico intergeneracional. Se vuelve imperativo hablar con los jóvenes y hacerlo a través de ideas. Pensado de esta manera, este epílogo no es pesimista, porque su sentido último es fecundar el debate entre generaciones. La autora ha recopilado un testimonio que hará pensar por mucho tiempo.
Mañana fuimos felices: ensayos, entrevistas y crónicas (1978-202), de Maruja Barrig. La Siniestra Ensayos. Lima, 2025.
