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Encuestas y elecciones

Las encuestas no se equivocaron tanto: lo que sí pasó en 2026

Las encuestas no se equivocaron tanto: lo que sí pasó en 2026
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Cada elección presidencial trae consigo un ritual casi automático en la conversación pública: la acusación de que las encuestas fallaron. En 2026, con un margen final de apenas 0,27 puntos porcentuales en el cómputo de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) entre Keiko Fujimori (50,135%) y Roberto Sánchez (49,865%), las críticas hacia las empresas de opinión pública volvieron a subir de tono.

Sin embargo, cuando se analizan las cifras con herramientas estadísticas y sin el sesgo del debate en redes sociales, el diagnóstico es muy distinto: las principales encuestadoras serias del país captaron las tendencias estructurales del electorado. Las diferencias observadas entre las proyecciones previas y el escrutinio final responden a limitaciones inherentes al muestreo probabilístico, a dinámicas socioespaciales del voto rural y a la volatilidad de un electorado que decide en el tramo final.

Primera vuelta: la captura del liderazgo y el fenómeno de la fragmentación

El 12 de abril de 2026, la jornada electoral de primera vuelta dejó un escenario marcado por la dispersión del voto. Keiko Fujimori (Fuerza Popular) logró consolidarse como la candidatura más votada con un 17,19% de los votos válidos. Los sondeos previos de encuestadoras como Ipsos Perú, Datum Internacional, CPI e IEP (Instituto de Estudios Peruanos), habían ubicado de forma consistente a la candidata en el primer lugar dentro de un rango estimado entre el 15% y el 18% en sus simulacros finales publicables. Desde la perspectiva del diseño muestral, acertar con el liderazgo en un universo de más de 27 millones de electores habilitados representó un desempeño técnicamente sólido.

El verdadero desafío de medición estuvo en la disputa por el segundo lugar. Con más de 30 agrupaciones compitiendo, Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) obtuvo un 12,04 %, superando estrechamente a otros competidores en un grupo comprimido dentro del margen de error. Como señalan de manera recurrente las fichas técnicas del IEP, cuando la diferencia entre dos o más candidatos es menor al margen de error muestral (que habitualmente oscila entre ±2,1 % y ±2,8 % para muestras nacionales de 1.200 a 1.500 casos), la estadística inferencial prohíbe establecer un orden categórico antes de las urnas. No se trata de un fallo metodológico, sino de un límite matemático de las muestras de probabilidad.

Cobertura y subregistro: la brecha estructural del voto rural

Uno de los aspectos metodológicos más debatidos en la discusión electoral peruana, es el sesgo de cobertura urbana. Realizar encuestas en comunidades rurales dispersas de la sierra y selva implica costos logísticos elevados y desafíos de acceso geográfico.

En el proceso de 2026, los datos del escrutinio descentralizado de la ONPE reflejaron que en departamentos con alta ruralidad —particularmente en el sur andino como Puno, Cusco, Ayacucho y Apurímac—, Roberto Sánchez alcanzó porcentajes significativamente superiores a los promedios registrados en las muestras urbanas.

Este fenómeno de voto ‘oculto’ o subregistro rural ya se había presentado en elecciones anteriores, como la de 2021. Las encuestadoras han introducido ponderaciones por piso ecológico y tamaño de centro poblado, pero el comportamiento electoral en áreas rurales de difícil acceso tiende a consolidarse de manera tardía, escapando a las mediciones realizadas semanas antes del sufragio.

La semana de veda y la toma de decisión tardía

La legislación peruana prohíbe la publicación de encuestas de intención de voto en el territorio nacional durante la semana previa a la elección. Sin embargo, el electorado no interrumpe su deliberación durante esos días.

Estudios de opinión e investigaciones del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) sobre el comportamiento del electorado, revelan que en el Perú existe un volumen persistente de votantes indecisos —que en esta elección fluctuó entre el 13 % y el 17 % a pocos días del proceso— que define su voto en las últimas 72 horas o en la misma cola del local de votación.

Cuando más de tres millones de ciudadanos toman su decisión en el tramo final, cualquier estudio de opinión realizado antes del cierre legal funciona como una excelente "fotografía del momento", pero no como una predicción estática del resultado definitivo.

Segunda vuelta: el mapa del empate técnico y los conteos rápidos

Para la segunda vuelta del 7 de junio de 2026, las mediciones publicables mostraban un escenario de empate técnico estrecho. Las diferencias entre ambos candidatos se mantenían dentro del intervalo de confianza estadística.

Durante la jornada electoral, la precisión metodológica se puso a prueba mediante diversos instrumentos. A las 17:00 horas, las encuestas a boca de urna de Ipsos y Datum mostraron un registro inicial con ventajas mínimas dentro del margen de error de ±2 %, ubicando a ambos candidatos bordeando el 50 % de votos válidos. Horas más tarde, el Conteo Rápido de Ipsos Perú al 100 % de la muestra (realizado por encargo de la Asociación Civil Transparencia) arrojó un 50,3 % para Roberto Sánchez y un 49,7 % para Keiko Fujimori, con un margen de error de ±1,9 % y una muestra de 1.037 actas representativas. En paralelo, el Conteo Rápido de Datum Internacional señaló un 50,14 % para Roberto Sánchez y un 49,86 % para Keiko Fujimori, marcando una coincidencia casi milimétrica con la dispersión inicial de actas.

Como advirtió en sus pronunciamientos Alfredo Torres, presidente ejecutivo de Ipsos Perú, las herramientas de muestreo como el conteo rápido están diseñadas para proyectar rangos probabilísticos. Cuando la distancia final en las actas de la ONPE fue de apenas 0,27 puntos (aproximadamente 49.600 votos), la estadística califica la situación como un empate virtual. Declarar un ganador absoluto bajo esas cifras, antes del cómputo oficial al 100 %, habría violado los criterios rigurosos de la investigación de mercados.

La geografía electoral fragmentada

Los datos finales publicados por la ONPE confirmaron una división territorial profunda que las encuestas habían anticipado regionalmente. Por un lado, en Lima Metropolitana y la costa norte, Fujimori obtuvo holgadas mayorías, alcanzando hasta un 63,6 % en la capital. Por otro lado, en el sur andino y en el centro rural del país, Sánchez se impuso ampliamente, registrando un promedio regional del 57,4 %. Asimismo, en el voto en el extranjero, el padrón de peruanos residentes fuera del país favoreció a Fujimori con más del 60 % de las preferencias.

La velocidad con la que la ONPE procesó las actas urbanas frente a las actas rurales y del extranjero, provocó variaciones en las curvas de cómputo en vivo durante la noche electoral, una dinámica explicable por la logística del procesamiento de actas y no por inconsistencias en los sondeos.

Desinformación y el impacto de las piezas apócrifas

Un factor disruptivo en la percepción pública de las encuestas en 2026 fue la proliferación de desinformación en plataformas de mensajería y redes sociales. Unidades de verificación como AFP Factual e iniciativas independientes, identificaron múltiples placas gráficas falsas que imitaban los logotipos de Ipsos, Datum y el IEP. Estas "filtraciones" atribuían ventajas de más de 10 puntos a favor de una u otra candidatura durante la semana de veda. Al contrastar estas publicaciones apócrifas con los resultados reales del domingo, parte de la ciudadanía asumió erróneamente que "las encuestas habían fallado", cuando en realidad estaban juzgando material fabricado que las propias encuestadoras desmintieron mediante comunicados oficiales.

La diversificación metodológica del análisis electoral

El proceso de 2026 también mostró el uso complementario de diversas herramientas de análisis de datos. Por una parte, los estudios de intención de voto midieron la inclinación declarada y el potencial electoral en momentos específicos del calendario. Por otra, los conteos rápidos sobre actas registraron el resultado directo de una muestra probabilística de actas de mesa físicas, ya escrutadas por los miembros de mesa. De forma simultánea, los agregadores y modelos probabilísticos compilaron sondeos públicos ponderando el tamaño muestral, la tasa de respuesta histórica y la antigüedad del trabajo de campo, para calcular probabilidades de victoria. Finalmente, las proyecciones de actas en tiempo real emplearon algoritmos estadísticos que analizaron el flujo continuo de la ONPE y estimaron el comportamiento del porcentaje de actas pendientes de contabilizar.

La convergencia de estos instrumentos demostró que ningún indicador debe leerse de forma aislada, sino dentro de un ecosistema integral de medición.

Conclusión: La necesidad de educación estadística

Las cifras finales de las elecciones presidenciales de 2026 no revelan un colapso de la metodología estadística en el Perú. Muestran, por el contrario, una sociedad polarizada en proporciones casi idénticas.

Las encuestas serias cumplieron con su función técnica: identificaron a las fuerzas líderes en primera vuelta, señalaron el estrecho pelotón del segundo lugar y anticiparon un empate técnico absoluto para el balotaje.

El desafío prioritario para los próximos procesos electorales no radica en exigir a la estadística una precisión imposible de lograr ante un margen de 0,27 %, sino en promover una mayor alfabetización cívica y estadística. Entender qué es un margen de error, cómo funciona un intervalo de confianza y de qué manera influyen las decisiones de último momento es indispensable para evitar que la incertidumbre matemática sea confundida con un fallo metodológico.

Fuentes e informes de referencia

Para la reconstrucción de este análisis se han tomado como referencia los resultados oficiales emitidos por la ONPE y las resoluciones del JNE sobre el padrón final de 2026. En el ámbito técnico y metodológico, se revisaron las fichas y reportes del Conteo Rápido Integral al 100 % de Ipsos Perú con la Asociación Civil Transparencia (muestra de 1.037 actas y margen de error de ±1,9 %), los informes de Datum Internacional y las series de informes de opinión sobre indecisión electoral elaboradas por el IEP. La verificación del ecosistema informativo se respaldó en las coberturas de AFP Factual sobre sondeos apócrifos.

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