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Cultura

De La Casona a El Panfleto: Tres décadas en busca de identidad sanmarquina

Una conversación con José López Ricci, Víctor Patiño y Fernando Ríos

De La Casona a El Panfleto: Tres décadas en busca de identidad sanmarquina
Víctor Mendívil | LaPlebe.pe

José Luis López Ricci es sociólogo, Víctor Patiño, periodista y Fernando Ríos, antropólogo. Tienen en común ser sanmarquinos y haber llevado adelante, aunque en distintas épocas, proyectos de comunicación nacidos en la universidad y para la universidad, que luego desbordarían esa comunidad y también sus propias expectativas.

Siendo estudiantes, José Luis como director y Víctor como cronista, fueron parte de “La Casona”, una emblemática publicación impresa que combinaba opinión, periodismo, encuestas y humor y que circuló en San Marcos en la convulsa década de 1980 1. Tras una carrera de empresario gráfico que arrancó en los trajines de su revista universitaria, Pepe volvió a la sociología para promover políticas participativas desde las ONG y luego hizo carrera en el Estado, pasando por la Municipalidad de Lima, el Ministerio de Educación y el Ministerio de Transportes.

Víctor, por su parte, con su experiencia croniquera en las páginas de La Casona, desde mediados de los años ochenta firmó para diversas revistas y diarios como Amauta, La República, Página Libre y Monos y Monadas, para luego recalar en el periodismo deportivo y de ahí pasar a la rutina que lleva desde hace casi dos décadas: ser El Búho, el popular columnista en el periódico El trome.

También siendo estudiante sanmarquino, Fernando echó a andar en 2010 una hoja fotocopiada que en un medio como la facultad de Ciencias Sociales pre-boom de las redes sociales, no podía ser otra cosa que un panfleto, pero uno que no se tomaba a sí mismo tan en serio. En un par de años El panfleto pasó de impreso esporádico a medio virtual, y luego a plataforma viral, cuando su humor chusco encontró la manera de construir historias falsas pero absolutamente verosímiles combinando jerga de ciencias sociales, clasismo y choledad.

La conversación con ellos repasa tres décadas de transformaciones materiales y simbólicas de nuestra universidad y es un intento de reflexionar sobre la imagen pública de las y los sanmarquinos y sobre los esfuerzos de proyectar una identidad por sobre el ruido de nuestra propia época.

¿Cómo era el ambiente universitario de inicios de los años ochenta, época en la que surge La Casona?

José López Ricci: En San Marcos, y me atrevería a decir que en general en las universidades públicas, era un ambiente de hegemonía bastante pronunciada de los grupos de izquierda, en particular las versiones más radicales y ortodoxas de la izquierda, lo que traía aparejado problemas como la intolerancia, la falta de un espacio de diálogo, para reflexiones un poco más abiertas. Esas versiones ortodoxas eran medio religiosas, asfixiantes y aparecieron grupos políticos que buscaron ir contra de ellas.

La Casona no es la primera manifestación. Antes surgieron experiencias como Inkarri, alrededor del año 79, que es un año clave, porque la Federación Universitaria la gana Enrique Jacoby, que representa una corriente por fuera de los dueños del status quo, además con un perfil nada “nacional-popular”: estudiante de medicina, de ascendencia judía, gringo, el estereotipo contrario. Con ese cambio de correlación hubo una movida muy simpática, de apertura política, cultural, se reactivaron los juegos florales que llevaban ausentes unos quince años… Los estudiantes tenían mucha vocación por ir a contracorriente de lo que se había visto y escuchado hasta entonces y en ese contexto es que surgimos.

Archivo La Plebe

José López Ricci, sociólogo, dirigió la revista La Casona. Foto: Víctor Mendívil</em>

Víctor Patiño: En esa época todavía dominaban la universidad los grupos radicales, pero ya se veía con fuerza un grupo renovador. La universidad, San Marcos, le estaba dando la espalda al país. No solamente a los estudiantes no les interesaba lo que podían pensar de la Universidad los de afuera, sino que a los de afuera tampoco les interesaba San Marcos. Había sido dejado de lado por la sociedad, y estaba dominada por estos grupos, con un rector prácticamente tomado por ellos. No había tercio, pero estos radicales tenían “su tercio” con el rectorado: iban, se presentaban donde el rector y le decían “queremos esto” y se los daban.

Al Ministerio de Educación y a la Asamblea de Rectores no les importaba lo que pasara en San Marcos. Ya el poder tenía universidades como la Pacífico o la Católica. San Marcos era una universidad que aparentemente no interesaba para el poder y la dejaban estar, le recortaron las rentas, etcétera. Inclusive en un año se hace un fraude electoral donde se coludieron docentes y alumnos de los propios grupos que dominaban la universidad, hasta ese punto se llegó a San Marcos.

En ese contexto surgen voces con la consigna de “basta de este cogobierno”. Ese movimiento, resistiendo asambleas que empezaban a las siete de la noche y terminaban a las cuatro de la mañana, logra un referéndum para decidir si se formaba un tercio. A partir de allí, con estudiantes elegidos democráticamente en el tercio se empieza a dar otra imagen a la universidad. Son los inicios de los años ochenta y empieza un cambio en el movimiento estudiantil, en las actividades culturales. Llega a Letras Álvaro Montaño, un alumno antiguo de la UNI que cuando llega a San a Marcos cambia totalmente el chip y se dedica a ser promotor cultural a organizar grupos, eventos, sábados culturales. Todos los sábados en letras se escuchaba jazz y los más radicales no podían hacer nada. En ese contexto de grupos de debate, de jazz, de rock, en ese contexto de más profundidad y frescura, entre actividades culturales, literarias y políticas que llamaban a los más jóvenes, es ahí, en ese momento que se forma La Casona.

En su relato hay tantas similitudes como matices respecto al contexto de la aparición de El Panfleto, tres décadas de por medio. Fernando ¿cómo describirías el momento de El Panfleto?

Fernando Ríos: Yo ingreso en el año 2010. No había organización estudiantil por ningún lado, no había ni Centro Federado ni Centros de Estudiantes elegidos en Sociales. Teníamos profesores que habían ingresado en los noventa y teníamos que organizarnos para traer profesores de otro lado. En el camino nos fuimos dando cuenta que no bastaba tener “delegados de base”. Uno llegaba a la universidad en blanco, sin saber nada de política, incluso con prejuicios sobre la organización política… y lo que hicimos en ese momento fue jugar a la política: reactivar el centro de estudiantes, a ganar el tercio estudiantil en la facultad, reactivar el centro federado.

Cuando tuvimos algo más de fuerza, impulsamos reconstruir la Federación.Igual, en asambleas hasta las tres de la mañana, porque ocurría lo de siempre, que solo se quedaban los de la residencia para votar al final, entonces dijimos “esta gente está acostumbrada y ahora nos amanecemos”. Ahí es cuando decido trabajar este proyecto de publicar una hoja para burlarme de esta clase de situaciones de la universidad.

Cuando nace El Panfleto en Sociales no nace en un momento feliz, tampoco en un momento de resistencia. Lo que había era una mediocridad absoluta. En el 2010 cuando ingresé encuentro dos decanos y cinco grupos de sikuris (risas). Nació como un rechazo a San Marcos, para maletear a San Marcos. Pero cuando entré a trabajar a La Casona, al centro cultural, descubrí las condiciones de los trabajadores dentro de la universidad. Entonces ya no resultaba tan fácil burlarte de cosas como la burocracia. Nos dimos cuenta que no tenía sentido, así que pasamos de maletear a San Marcos a maletear a otras universidades. Y fuimos descubriendo cómo.

Archivo La Plebe

Fernando Ríos Correa, antropólogo. Ya no forma parte de “El panfleto”. Foto: Víctor Mendívil</em>

Publicamos un post sobre “el estudiante eterno” y se etiquetaba gente de San Marcos, pero también de la Agraria o la UNI porque era un problema común en universidades públicas, estereotipos. Yo me metía a revisar perfiles de la Agraria, de la UNI, a ver qué profesores eran terribles, qué puntos eran para chupar, qué fotocopiadoras habían y empezaba a fabricar esas cosas.

Así empezó a crecer para afuera. A la par también estaba creciendo la organización estudiantil en San Marcos. En ese paralelo crecía El Panfleto. Fue emocionante atar un proyecto político con la evolución de la revista. Pasamos de no tener absolutamente ninguna organización, a situaciones como la toma por estudios generales, donde llegaban comunicados de respaldo de todas las universidades públicas del Perú. Con muchas limitaciones la Federación había vuelto a la cabeza de los estudiantes de las universidades públicas. Hasta entonces no había ninguna organización, no había ningún dirigente y para los medios, como representantes del estudiantado limeño solo existía la FEPUCP. Entonces que aparezca una revista chiquita que daba ciertas opiniones funcionó porque no había alguien que siente posición ni hable como estudiante de la universidad pública y nosotros lo hacíamos a nuestra manera.

El ambiente político, organizativo marca sin duda las características de la publicación. ¿Cómo imaginaron ustedes La Casona en relación a lo que creyeron que podía ser su público lector?

JLR: Teníamos algunas intuiciones. La primera, que podríamos aglutinar a gente independendiente, sabíamos que habían muchos como nosotros; la segunda fue la pluralidad, desde un comienzo fuimos claros con eso, mientras el mundo político era de sectarismo, nosotros asumimos la revista como una representación de las distintas versiones de los problemas. Una tercera intuición es que nuestra revista no deberìa ser solo de Sociales. Tuvimos un enfoque más universitario que de facultad, hicimos un esfuerzo para agruparnos con otras facultades y también con docentes. Para empezar, los de Periodismo fueron nuestros grandes aliados, identificamos gente muy valiosa, también gente de medicina, de derecho, y cuando formamos el comité consultivo, buscamos profesores prestigiosos.

Una cuarta intuición fue que teníamos que reivindicar a la tradición sanmarquina, visibilizar la sanmarquinidad en la vida pública, que era una veta que nadie explotaba. Por ejemplo, para el primero número decidimos que debíamos hacer la primera entrevista al sanmarquino más poderoso del país, así que entrevistamos a Alva Orlandini [presidente del Senado 1981-1982, vicepresidente de la República de 1980 a 1985]. Para una revista universitaria fue toda una proeza. Sexta intuición: ir por la objetividad, por la mayor cercanía posible a la realidad. Como ahora, San Marcos estaba llena de supuestos, pero faltaban las evidencias, así que dijimos “hay que meter encuestas” y ahí coincidimos los de Sociales con los de Periodismo. Hicimos encuestas sobre preferencias culturales, emocionales, perfiles socioeconómicos, comportamientos electorales.

Esas encuestas fueron algo muy importante para nosotros, porque con los resultados íbamos a contracorriente de las creencias, y con cada encuesta encontrábamos los rasgos sanmarquinos, que eran muy diferentes a los estereotipos. Una séptima intuición fue el uso del humor, que resultó ser lo más subversivo… lo humorístico y las crónicas sobre la vida cotidiana fueron un factor clave para el éxito de la revista. Una última intuición fue que apostamos por un enfoque comercial, nos preocupamos por la parte administrativa, el marketing, por colocar publicidad. Vendíamos el 90% del tiraje, llegamos a tirar 3 mil ejemplares y estuvimos a punto de trabajar con agencias de publicidad, tuvimos ingresos importantes. De pronto me di cuenta que habíamos dejado de ir a comer a la "Muerte Lenta" y de movilizarnos en el Burro…

Archivo La Plebe

Archivo Quehacer</em>

La manera en que imaginamos una publicación y a su público, el ida y vuelta entre la línea editorial y la recepción se ha transformado radicalmente en el paso del registro impreso al digital

FR: El Panfleto aparece en un contexto de puente digital. Cuando ingresé usábamos Hi5, recién estábamos descubriendo Facebook, lo máximo era crearte un blog en blogspot. Publicar en internet era para medios grandes, que podían pagar una web. Nosotros estábamos experimentando. Por eso decidí primero imprimir… en realidad con los 100 soles que me mandaba mi mamá para sobrevivir saqué el primer número en la fotocopiadora de Sociales y los entregaba por veinte céntimos para poder juntar para los próximos.

En una clase un amigo me pregunta si podía escribir conmigo, ahí entra la segunda persona, con la que sacamos millar y medio de copias que nos daba un poco de vergüenza compartir. Algunos lo leían, otros lo guardaban, otros lo botaban. Un dia decidimos crear un nota diagramada y la colocamos en una cuenta de facebook a las ocho de la noche. A las ocho y veinte 20 teníamos 15 likes de gente que no conocíamos y desde entonces nos dimos cuenta que la fuerza era ahí. La gente de San Marcos puede ser muy dispersa, pero que en redes es una comunidad consolidada. Ahora ya hay una referencia de medios digitales de San Marcos, cuando empezamos no. Empezamos a meternos y experimentar en las redes sociales y así aparecen más personas que nos leían y más personas que querían escribir.

VP: Cuando nosotros salimos ya había desaparecido Inkarri, que era la revista universitaria. Pero en mi salón habíamos hecho un periódico mural, y me dijeron haz un artículo. Yo estudiaba historia y no pensaba en el periodismo ni tampoco en escribir, nunca había escrito… y había un baño, estábamos en el Pabellón 1A de Letras, y era una verdadera tortura entrar a ese baño, nunca lo limpiaban, y habían pintas del año 77, ¡del año 70!… una gran cantidad de mensajes… así que para el periódico mural escribí algo entre irónico y reflexivo sobre lo que significaba entrar a ese baño y leer esos lemas, y transcribí algunos de los lemas, los políticos, los sexistas...

El artículo tuvo mucho éxito, pero yo por timidez no lo firmé. Hasta que me dijeron que querían conocer al autor porque estaban sacando una revista. Me presenté, todos ya eran de especialidad y yo recién de integrado, un chibolo que leía Caretas y por eso lo que escribía me salía como crónicas. Así que empecé a escribir ese tipo de artículos. Recorrí todos los baños de universidad: “baños sanmarquinos entre la fantasía y la realidad”. Para otro número recorrí bares sanmarquinos, como El Gran Chaparral, a donde iban a parar las carpetas de San Marcos, las calculadoras que los estudiantes de ingeniería empeñaban, esas cosas, una realidad que no era la política ni la solemnidad, y que el grupo quería ver reflejada en la revista.

El público veía reflejadas sus experiencias más cotidianas, como cuando encontré una cucaracha en mi hamburguesa, pusimos la conversación con la cucaracha, que resultó ser miembro del "Frente de Defensa de los Intereses de los Bichos Sanmarquinos, el FEDIBISM…" O, en esa época en San Marcos todos los departamentos querían convertirse en Facultad a como diera lugar, era una fiebre, así que inventamos que un virus llamado “facultivitis” había escapado de Medicina Tropical. La revista se llamaba La Casona, teníamos un Suplemento El Tugurio y publicábamos esos artículos irónicos, de conectarse con la realidad, que fueron muy populares entre los lectores no politizados y así fuimos creciendo. Por esos artículos empezamos a tener un público de San Marcos y por esos artículos me jalaron de frente a trabajar.

Archivo La Plebe

Foto: Víctor Mendívil</em>

Lo que dices acerca de conectar con la gente no politizada me hace pensar en que hay momentos en que no es la política, si no el humor y la experiencia de lo cotidiano lo que puede hablarte de tu identidad y reflejar mejor tus intereses. En el caso de El Panfleto me parece que es más intencional esta conexión entre el humor y la identidad...

FR: Cuando ingresamos decían que San Marcos era terruco, por las cosas que habían sucedido con el bypass, y claro, por toda la historia anterior, aunque la élite de Sendero no había salido de San Marcos. En esos años había toda una onda interna, de estudiantes que querían lavarle la cara a San Marcos, para demostrar a los de afuera que no eran terroristas. En cambio nosotros decíamos si quieren creer eso que lo crean pues. Cuando salió la canción del “harlem shake”, el viral de la canción “con los terroristas”, sacamos un comunicado falso del rector, en el que prohibía que los estudiantes se hagan ese video, a menos que sea con él.

JLR: Esta semana he estado en un encuentro en Barrios Altos y entre tragos me terruqueaban. ¿Por qué? Porque soy un sanmarquino, tantos años después y me terruquean con una facilidad... entre bromas, pero también como parte de una valoración establecida… Antes de Sendero, el estereotipo no era de terruco sino de politizado, si eras de Sociales con mayor razón. Me acuerdo que cuando ingresé y un tío mío se enteró que había elegido sociología, mi tío que era policía se lamentó: "¡no hijito! ¿sociología? -me dijo- vas a ser un político de porquería". En fin. Otra imagen del sanmarquino que siempre ha sido fuerte ha sido la del provinciano. Por eso también siempre hubo un halo de choleo.

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Foto: Víctor Mendívil</em>

Hay un antes y después de Sendero. Antes la asociación era ser político….

JLR: Era ser revoltoso, tirapiedra. Ya después con Sendero era ser terruco, subversivo, ya un estereotipo mucho más peligroso. Y más en las clases populares, en el barrio. Es un tema cultural.

VP: Sí se puede decir que hay un antes de Sendero y un después de Sendero. Porque hasta antes de Sendero definitivamente la imagen del sanmarquino era de un politiquero, un revoltoso, de marchas, movilizaciones… pero junto con todo eso del estudiante siempre politizado había un respeto, porque es tranca estar en san Marcos, por lo difícil del ingreso, hasta ahora es así, estudioso pero revoltoso y también te decían que por eso ibas a terminar viejo, también porque el otro estigma es que había muchas huelgas, ya parecían vacaciones pagadas. Para mala suerte mía yo vivía a una cuadra de la Universidad, en Mirones, entonces todos mis amigos que pasaban por la Venezuela me veían a mi en los piquetes de las huelgas. En esa época no te terruqueaban porque no había terrorismo, te decían comunista. Yo les decía colaboren, colaboren.

El problema es cuando viene lo de Sendero ya no es solo el politiquero o el revoltoso sino el terrorista. De hecho lo que explica que salga nuestra propuesta tan libre, es que en San Marcos no había Sendero. Fue en el comedor de San Marcos donde los de Sendero irrumpieron en una actividad, iba a haber una polémica entre [los partidos de izquierda] Patria Roja, Bandera Roja, sobre el cogobierno, y de pronto entra un grupo numeroso de gente que no era de la Universidad, que eran de Sendero, gritando “situación nacional, situación nacional”, para que se discuta eso, y se impusieron. Allí anunciaron los acuerdos del noveno pleno, donde dijeron por primera vez que iniciaban la lucha armada. Sendero en ese momento en Lima solo tenía la federación de hoteleros y chifas, ese era su único bastión. Los de Patria [Roja] los fastidiaban, ¿cómo van a enfrentar a la reacción? ¿les van a tirar wantán frito? Pero anunciaron la lucha armada, y la iniciaron...

JLR: Pero anuncian y se desaparecen...

VP: Claro, se desaparecen, en el 79 tenían su pizarrita, estaban bien activos, tenían bases en Química, pero de un momento a otro desaparecieron, justamente en la época que nosotros sacamos La Casona. Luego del anuncio se desaparecen… el 83, el 84 y recién reaparecen en el 87 cuando empiezan a hacer atentados en Lima, y en el 88 recién regresan a San Marcos.

JLR: Con Sendero hubiéramos sido inviables. Si los “fachos” y algunos otros… con nosotros eran bien hostiles. Cuando sacábamos algo de publicidad nos la rompían, y como en cada número entrevistamos a un personaje, corría el rumor de que nos pagaba el gobierno, que éramos el brazo del APRA, dependiendo de a quién habíamos entrevistado. Con Sendero hubiera sido imposible. Una vez hicimos un anuncio de un tour para conocer Ayacucho, donde el atractivo de fondo era conocer a Abimael Guzmán... no, nos mataban.

Sin embargo, se identifica mucho al San Marcos de los ochenta como un espacio en el que dominó Sendero. Esa creencia se apuntaló muy fuerte con el discurso de la pacificación, para legitimar la intervención a las universidades públicas.

JLR: Pero no generalicemos. Yo creo que hasta ahora facultades como Medicina, Veterinaria, tienen un estatus diferente. En Sociales sí estamos jodidos.

Claro, pero estamos hablando de los estereotipos, que son generalizaciones: la identidad sanmarquina pasó de ser definida por la izquierda, por ser provinciano, o ser radical, a reducirse al factor Sendero. La pacificación deja su secuela en esta necesidad permanente de decir que “no somos terroristas”. Ya en la última década, ¿a qué sienten que se asocia la identidad sanmarquina?

FR: Hay una encuesta de 2018 sobre marcas reconocidas en el sector educación. La lideraba San Marcos, lo primero que le viene a la mente a la gente cuando preguntas por educación, es San Marcos.

En mi época ya no se habla de provincianos, si se hablaba, creo que eran residuos del estereotipo de los ochenta, pero realmente en mi generación es San Juan de Lurigancho. El estereotipo de sanmarquino es el de 18 años, no el de 16 que es el promedio de ingreso a la universidad privada, el pata o la chica de 18 años de San Juan de Lurigancho, de San Martín de Porras.

En 2015 Senaju hizo un perfil sociodemográfico de San Marcos, y el ochenta por ciento eran limeños, diez por ciento nacidos en otras regiones pero ya con muchos años en Lima y solo un ocho por ciento de gente que había venido de regiones.

VP: Es que ahora hay universidades por todo el país. Ya no tienen porqué “venir a Lima”

Archivo La Plebe

Víctor Patiño, periodista, se inició como cronista en “La Casona”. Foto: Víctor Mendívil</em>

Es la historia moderna de San Marcos, cambia el equilibrio, la proporción entre limeños y no limeños.

FR: De hecho una de las alas más fuertes en la Federación de San Marcos era la federación de estudiantes huaracinos, que vienen a San Marcos, ingresan en mancha y, según cuenta Lynch en Los jóvenes rojos es una de las alas más duras entre los radicales de San Marcos. Pero en mi época ya no. Para cuando yo estudié ya la mayoría de sanmarquinos eran de clase media.

Un amigo en San Marcos me dijo una vez que la única universidad "de pueblo" que hay en el Perú es Alas Peruanas, una universidad a la que entra gente realmente pobre. Es ahí donde encuentras gente que trabaja todo el día desde los 15 años. Para estar en San Marcos o en la San Cristóbal de Huamanga necesitas una base económica familiar que te permita pagar la academia, la pensión. Ser sanmarquino ahora en el 2019 y tener a la vez que trabajar todo el día... eso es algo que ya no existe actualmente, al menos no como perfil promedio. Ahora el que estudia es mantenido por sus padres, por sus madres. Ya no es la situación de los setenta o de los ochenta…

JLR: Pero eso último también es uno de los mitos. Nosotros hicimos las encuestas y salía que la mayoría eran hijos de la clase media...

VP: … hijos de agricultores medianos que les podían pagar una manutención en Lima y no trabajaban.

JLR: Muchos ahorraban “jugando” a ser radicales porque tenían ventajas comparativas. Tenían vivienda, comedor, además de la subvención de sus padres…

FR: No es posible hacer política sin excedente, hasta el día de hoy… ¡tienes que comerte como siete asambleas al mes!

VP: Pero ahora hay muchos chicos de San Marcos que trabajan en part time, en los restaurantes, en los grifos. También a San Marcos van los de colegio particular que no pueden pagar las altas mensualidades de las universidades particulares, ni de Pacífico, ni de UTEC. Tienen que postular a San Marcos. Por eso que también hay más limeños.

FR: Hasta la Universidad que está al lado también tuvo un proceso de elitización, la valla subió un montón. Yo sé de personas que están en Católica y piensan pasarse a San Marcos porque ya no pueden pagarlo.

Footnotes

  1. Fueron también parte de La Casona: José Martínez, William Chico, Elena Velando, Javier Ampuero, Luis Vásquez Gutiérrez, Alfredo García, Cecilia Testino, Virginia León, Liana Ascama, Socorro Naveda, Emma Zevallos, Percy Ruiz (+), Mario Munive, José Salazar, Javier Alva, Pedro Guerrero, Fernando Obregón, Juan Zevallos, Sandro Chiri, Abelardo Dominguez; Ernesto Jimenez, Oscar Hidalgo, Alida Díaz, Dante Alfaro, Víctor Peralta, Luis Ramírez, Jesús Castro, Miguel Rojas, Fernando Palomino, Fabián Vallas, Ricardo Carrera, María Eugenia Tamayo, Rocío Silva Santisteban, Lucy Collantes, Luis Francia, José Praga...

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